Bayardo Altamirano
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En Estados Unidos uno no se puede dormir. Si cierra los ojos le roban los sueños. Alguien se robó el sueño americano y no quiere confesar. Los políticos se pasan lamentando el sufrimiento de los ciudadanos. El futuro está nublado para muchos. Los partidos se culpan mutuamente de no hacer más para remediar los problemas. Nadie asume la responsabilidad. Tampoco responsabilizan a los beneficiarios de la situación.

Cada semana se repite la misma obra de teatro. Los demócratas proponen curitas para aliviar la pobreza, el desempleo, consecuencia de las políticas que han impulsado. Los republicanos acusan que se debe al mayor gasto social y normas laborales y ambientales que frenan al mágico mercado libre que solito generaría la prosperidad. Hasta culpan a los pobres que se mantienen gracias a programas sociales, de ser parásitos del gobierno.

El regalo navideño de Washington fue cancelar los beneficios por desempleo de emergencia, a un millón 300 mil personas que se quedaron sin chamba y no logran encontrar otra. Van a reducir en miles de millones el programa de asistencia alimenticia.

En el país más rico del planeta 50 millones viven en la pobreza. De ellos, 13 millones son niños. La tasa de pobreza es la más alta desde 1965. Se duplicaría, sin los programas de asistencia pública, creados en la guerra contra la pobreza proclamada por Lyndon Johnson hace 50 años.

Mientras la productividad se ha incrementado 80%, el sueldo del trabajador se ha incrementado solo 4%. El salario mínimo real es más bajo que hace 40 años. Se incrementó el índice de pobreza, el desempleo, la gente sin techo y el hambre. Es la culminación de más de 30 años de aplicación de las recetas neoliberales que antes eran exclusivas de países tercermundistas.

Esas políticas dan la otra cara de la moneda. Según el análisis del profesor Emmanuel Saez, de la Universidad de California, un 95% del crecimiento económico ha sido captado por el 1% más rico del país. La desigualdad es más pronunciada. 20% de las familias más ricas concentran 89% de la riqueza del país. La peor desigualdad económica desde 1928.

Obama afirmó que sus políticas económicas están rindiendo fruto, pero se requiere un poco más para rescatar el sueño americano para las mayorías. Declaró que este será un año de acción donde se promoverá una misión nacional para asegurar que la economía ofrecerá a todo aquel que trabaje duramente oportunidades y éxitos. Los estadunidenses, deben soñar en el sueño americano.

Pero la generación de empleo continuará siendo anémica si no se incrementa la demanda, que no se puede incrementar si los trabajadores no logran los ingresos que necesitan para comprar y mantener un nivel de vida decente. Solo se puede hacer elevando los salarios, la generación masiva de empleo. Incrementando el gasto en servicios públicos, educación e infraestructura. Obligando a que los ricos paguen más impuestos.

Nada va a suceder. Los que se robaron el sueño americano no lo van a regresar. Los beneficiados por el robo se apropiaron del proceso político. Los representantes del pueblo forman parte de esa élite. Por primera vez la mayoría de los legisladores son millonarios. De los 534 integrantes del Congreso, 268 tienen una fortuna de más de un millón. Significativo cuando el debate legislativo es de temas como beneficios de desempleo, asistencia alimenticia, salario mínimo. En las elecciones los candidatos requieren plata para sus campañas. Solo los ricos pueden ganar.

A la porra con el bendito sueño, es dulce pesadilla.

 

* Docente, UNAN-Managua.