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Pensar que para gozar de la vida eterna con Dios sea imprescindible creer en Él y aceptar a Jesús como Salvador, y quien no lo haga -por no conocerlo o no estar convencido- se condena aunque sea una persona buena y llena de amor al prójimo… ¡es repugnante! ¡Contradice la fe cristiana! Dios es un padre amoroso, no un verdugo. Millones de indígenas que vivieron antes de Colón, millones de africanos o asiáticos que jamás oyeron hablar de Jesús, millones de judíos, musulmanes, budistas sinceros y buenos… ¿habrán recibido la condenación eterna?

Me refiero al tema porque el amigo Omar Calero publicó esa doctrina fundamentalista basada en una interpretación literal de la Biblia sin concordancia lógica con otros textos de la misma. El fundamentalismo simplista sin consideraciones históricas, culturales, lingüísticas -ya anacrónico- es fanático y conduce a terribles errores, producto de una teología superficial y sin estudios serios de la Biblia. Lo extraño es que el amigo Calero sea bautista, pues estos generalmente tienen buena formación teológica, no fundamentalista.

No me interesa sostener polémicas con ningún fundamentalista, pues resulta estéril, pero quisiera aclarar algunas cosas pensando en los lectores.

Es verdad que la Biblia dice que todo aquel que crea en Jesús recibe la vida eterna y que si lo rechazamos, perdemos la salvación que nos ofrece. Pero para aceptar o rechazar a alguien tenemos primero que conocerlo ¡y conocerlo bien! Si a usted jamás le han presentado una persona no puede aceptarla ni rechazarla, pues ni siquiera sabe que existe. Y si le presentan una idea equivocada de alguien, una idea desagradable, no tendría culpa alguna de rechazarlo. Así sucede con Dios, con Jesús… Para creer que Jesús es nuestro Señor y Salvador se necesita primero conocerlo bien. Pero si nadie lo presenta, o lo presentan mal, o sus seguidores dan un pésimo testimonio, ¡no hay culpa alguna en no aceptarlo! ¡Realmente no se rechaza al verdadero Jesús, sino a la concepción errada que se presenta de él!

A veces los cristianos presentamos al mundo un Jesús falso, muy diferente al verdadero, o damos muy mal testimonio del cristianismo con nuestro comportamiento y en vez de atraer alejamos a las personas de Dios. Somos nosotros los culpables de que muchos sean ateos, agnósticos o rechacen el cristianismo. Muchos no creen debido a concepciones religiosas anacrónicas, negativas, lógicamente repugnantes a la razón como las que el amigo Calero presenta erróneamente con sus conceptos fundamentalistas.

Puede ser que a una persona sincera su razonamiento no lo lleve a creer en Dios. Está equivocado, pero es sincero. O fue formado en otra religión y desde niño tiene sus creencias profundamente arraigadas en su mente. Si el razonamiento sincero de esas personas no los conduce a ser cristianos, ¿se salvarán? Definitivamente -si aman al prójimo- serán salvos.

Esas personas no tienen “culpa” de no ser cristianas. Solamente aquellos que estando plenamente convencidos de que Dios existe, que la Biblia es su palabra y Jesús nuestro Señor y Salvador, y sabiéndolo lo rechazan, perderían la vida eterna, porque conscientemente rechazarían vivir conforme el Evangelio de Jesucristo! Los textos bíblicos citados por el amigo Calero deben complementarse con otros textos bíblicos importantes, pues “Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4.16). Los no creyentes sinceros tienen “la ley natural” escrita por Dios en el corazón y serán juzgados según su conciencia (Romanos 2.14-16). El papa Francisco, conforme enseña la Biblia, declaró al periodista Scalfari: “Para salvarse basta amar al prójimo”.

* Abogado, periodista y escritor.

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