Jorge Eduardo Arellano
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En estos días están presentando una película que debe verse. Se titula, Beethoven monstruo inmortal. Trata sobre los últimos días del famoso compositor alemán. En ella, atacado por la sordera casi absoluta, decide dirigir su última gran pieza interpretada por una gran orquesta sinfónica y coral mixta de 50 voces. No sé si es histórica, pero sí es fantástica, porque el discapacitado consigue conducirla ayudado por una copista musical y amiga estudiante de composición musical, que escondida hace los movimientos y Ludwig Van Beethoven repite, pues no oye. Consigue conmover a la audiencia de la cinta y a los cinéfilos que, acomodados en sus butacas, se resisten creer la evidencia.

¿Cómo se logra esa conmoción? Con la dirección estimulante para cada músico o grupo a través de manos, brazos, movimientos corporales y canto simulado. Y para entender la conducción, a continuación exponemos ciertos movimientos elementales: la mano derecha, con o sin la batuta, marca el compás al dibujar figuras en el aire, las cuales varían en función del tiempo. Los tiempos más usados son el 2x4, 2x2, 3x4, 3x8, 4x4, 6x8 lento y 6x8 rápido y cada uno tiene su propio trazado o dibujo. La mano izquierda se usa para indicar la entrada de las diversas secciones instrumentales o de solistas, además para exigir más o menos dinámica, fraseos y otros elementos. Ambos brazos y manos trabajando en paralelo o por igual, funcionan en las aperturas y terminaciones de las piezas, también cuando se necesita incrementar o bajar intensidad sónica sea de manera violenta o mesuradamente.

La mirada sirve para alertar o prevenir la eminente entrada de las secciones instrumentales, solistas o coros. Los movimientos del cuerpo por lo general son energéticos y demandan eso, acción. Los efectos subliminales no se pueden explicar, sólo sentir y vienen del alma. La boca con simulación o vocalización real y la vista, son empleadas para la dirección coral. Hay directores parcos, otros hasta saltan, ríen o lanzan puntapiés, como hacía Pérez Prado. Por supuesto, al dirigir todos estos elementos y otros se combinan y sería un error fatal reducir los esquemas presentados como únicos en la dirección orquestal, que es muy compleja. Hay muchos otros movimientos que son propios de cada director y por ello la necesidad de repetidos ensayos hasta conseguir la comunión perfecta entre músicos y el maestro conductor.

En general, los puntos señalados son básicos para disfrutar más los espectáculos orquestales sinfónicos o populares. Hay directores históricos como Leonard Bernstein, Herbert von Karajan, y en la actualidad el venezolano Adolfo Dudamel. Nosotros también hemos tenido excepcionales directores populares como Julio Max Blanco, Abraham Sánchez o Raúl Traña Ocampo. Estemos atentos y en la próxima oportunidad observemos al director y verán qué sabroso es y podrán entender también el porqué de la metida de pata de algún músico o el invitado solista.