Jorge Eduardo Arellano
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El mes de octubre trae a Nicaragua la maravilla de la migración de rapaces. Todos hemos escuchado contar algún amigo o familiar, la aparición de docenas de gavilanes, aguiluchos, zopilotes o milanos descansando en los árboles de su jardín, solo para que se tomen vuelo a mediados de la mañana para no volver. También algún amigo nos ha contado del día que él miró hacia arriba, para ver el cielo del mediodía ennegrecerse con miles de estas criaturas, haciéndose espirales y tomándose formaciones para aplanar en fila, grandes distancias, pasando dentro de fuera de las nubes, en su masivo éxodo al sur.

Estos comentarios que pueden parecer mentiras o locuras, tienen fundamentos reales. Se podría estimar que desde tres hasta posiblemente cinco millones de aves rapaces cruzan Nicaragua del norte al sur cada año en este período, y regresan al norte durante nuestro verano, para hacer sus nidos en el norte. Un total de veintitrés distintas especies han sido documentadas en la migración, en dos publicaciones arbitradas en revistas especializadas en el extranjero. En otro estudio durante el año pasado, un grupo de científicos extranjeros capturó “Linda”, Halcón Peregrino hembra, y le ubicaron un radiotransmisor. Satélites dieron las coordinadas de Linda cada mañana y cada tarde, así que se pudo seguir en su migración desde Chile hasta Nicaragua, donde pasó por Rivas, León y Madriz, y luego al norte de Canadá, donde ella hizo nido. Después de anidarse, Linda inicio su viaje al sur, pero murió después de quebrarse un fémur durante la migración.

Aparte de un pequeño grupo de investigadores en FUNDECI/GAIA, y unos cuantos extranjeros, nadie en Nicaragua ha prestado ninguna atención sostenida a este gran evento. Sin embargo, la migración de aves rapaces de sumo interés del país, porque la gran mayoría de estos animales reciben protección por nuestro gobierno, y son actores inadvertidos en algunas decisiones muy importantes en el desarrollo del país, particularmente en el desarrollo de energía eólica.

Tan pequeña y pobre es Nicaragua, abatida por las vicisitudes políticas y financieras a nivel mundial. Ya sabemos que no hay pastilla mágica que puede brindar prosperidad y seguridad económica a Nicaragua, pero sí hay caminos que pueden contribuir concretamente a desarrollar el país en mediano y largo plazo. Nicaragua necesita utilizar la energía eólica, y tres empresas ya están aplicando para derechos y concesiones para instalar turbinas, que alcanzan hasta 150 metros de altura. Sin embargo, dónde y cómo se instalarán y operarán deben obedecer a muchos factores, entre ellos las aves rapaces que residan en y migran por Nicaragua.

Nicaragua tiene una concentración de aves rapaces en migración varias veces la de países como Estados Unidos y España, donde hay experiencias tan malas que algunos parques eólicos se han encontrado obligados a retirar turbinas y cambiar tecnologías por su interferencia en las rutas migratorias de las aves rapaces. La información que tenemos aquí nos obliga a conocer más, antes de elegir a ningún sitio para parques eólicos. Es la obligación de cada empresa que aplica, brindar información sobre sus impactos ambientales, sin embargo, algunas empresas pretenden recibir aprobación de sus proyectos sin conocer los potenciales impactos sobre las aves rapaces, lo que puede ser un error costoso para la empresa y para Nicaragua. Vernos obligados a cerrar algún parque eólico es un costo que Nicaragua puede evitar, si se toma en cuenta la importancia de la migración de rapaces adecuadamente.