Bayardo Altamirano
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Todos nuestros héroes han tenido un sueño por más de doscientos años: la unidad latinoamericana. Miranda, Bolívar, Eloy Alfaro, Martí, Sandino y Fidel; todos han hablado de la integración. Ha sido una tradición y una necesidad. Pueblos con características semejantes estamos unidos por una cultura común, por tradiciones iguales. Hemos comprendido que mientras más juntos estemos, más fuertes somos. Desunidos, somos presas fáciles para las potencias extranjeras.

Durante los doscientos años anteriores las condiciones objetivas eran difíciles. Las economías, en vez de ser complementarias, eran competitivas. Éramos países exportadores que se dirigían a los mismos mercados y rivalizaban entre sí. Los colonialistas aprovechaban esas circunstancias para dividirnos.

Con el desarrollo económico y social actual, han surgido nuevas tendencias industriales, que han hecho complementarios a los países. El Mercosur comercia más entre sí que lo que exporta. Continúa la matriz agroexportadora tradicional que capta divisas para el proceso de desarrollo económico, pero los intercambios industriales principalmente se realizan entre nuestros países, porque es más difícil venderle productos industriales a Estados Unidos.

Han surgido nuevos sectores sociales. La clase obrera antes no tenía peso, pero ahora la clase obrera industrial y los otros sectores asalariados que actúan a su alrededor tienen intereses distintos a los de las oligarquías. Los obreros ven en la unidad latinoamericana un proceso en el cual sus intereses se pueden fortalecer.

En la Celac no hay únicamente países progresistas, pero estos son tan fuertes que impulsan al resto. La idea de la integración es tan fuerte, que las masas populares se han apropiado de ella y es una de sus principales exigencias. Lo subjetivo se adelanta a la realidad. Sin embargo, se deben tomar medidas concretas en lo político y en lo económico para fortalecer esta integración.

Las sociedades de América Latina, aun teniendo culturas homogéneas o muy parecidas, tienen prácticas distintas. Que se unan los ministros para hacer programas educativos compatibles es un paso de progreso. Cuba aporta su método Yo Sí Puedo, para vencer el analfabetismo, o médicos donde son necesarios. Son colaboraciones que tienden a la unidad. Porque las personas constatan lo progresista, lo bueno.

Un brasileño atendido por un médico cubano comienza a ver que si nos integramos, resulta algo positivo para él. Eso se puede trasladar a otros campos. Tenemos que luchar con nuestras propias fuerzas. Hay gobiernos poderosos en un ámbito y otros en otro. En la unión de lo que cada cual tiene mejor, la integración ofrece beneficios.

Los cambios no se producen por generación espontánea. Hay que estructurarlos y desarrollarlos. Para eso tienen que reunirse los ministros de finanzas, de educación, de transporte. Partimos del criterio de que somos hermanos, pero no nos conocemos. Los jóvenes que estudian juntos crean lazos afectivos.

En Unasur se habla de un Consejo de Defensa. Es distinto que los militares vayan a escuelas comunes nuestras, a que vayan a estudiar a Estados Unidos. Con una organización como Celac todo se facilita.

Estados Unidos no pudo impedir la creación de la Celac. Se le fue de las manos. Ellos siempre han tratado de que los nexos pasen por Washington. Antes los embajadores latinoamericanos tenían que ponerse de acuerdo en Estados Unidos para después ponerse de acuerdo entre ellos. Pero los problemas que puedan surgir entre nosotros son asunto nuestro.

Evidentemente, el mundo ha cambiado, hay nuevos centros económicos y la multipolaridad nos ayuda. El principal socio comercial de Chile ya no es Estados Unidos, sino China, la segunda potencia económica mundial. Este hecho nos favorece, pero hay que tejer su aprovechamiento.

*Docente UNAN-Managua.