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“Soy nicaragüense
y me siento orgulloso de que en mis venas circule,
más que otra cualquiera,
la sangre india americana”.

A.C. Sandino

Cada vez con mayor frecuencia me encuentro con pruebas de que formo parte de un grupo de nicaragüenses que no existe.

Usted compañera lectora, compañero lector, se dirá ¿y cómo es eso? (este señor debe estar loco). Pero creo que no es tan descabellado como parece; este grupo al que pertenezco se define porque compartimos tres ideas básicas, pero el grupo no existe porque sus miembros actuamos de manera aislada, no como grupo.

¿Cuáles son esas ideas? Aquí están, más o menos definidas:
1.- Nicaragua necesita cambios. El estado de cosas actual (económico, político, social, etc.) es inaceptable y debe ser cambiado para mejorar, sobre todo para mejorar la situación de las grandes mayorías que siguen olvidadas o, en el mejor de los casos, utilizadas como clientela política a cambio de limosnas.

2.- Las propuestas y las acciones de los partidos políticos existentes en Nicaragua (con o sin personería jurídica, lamentablemente) lo único que nos ofrecen es profundizar, fortalecer ese estado de cosas que creemos que debemos cambiar.

3.- No queremos recurrir a la violencia para lograr el cambio.

¿Qué tan numeroso es este grupo? ¡No sabemos! Pero se me ocurre que debe ser muy numeroso y, probablemente, seamos la mayoría de los nicaragüenses. Nuestro gran problema es que actuamos, como dije, de forma independiente y sin tener conciencia de los otros que piensan como nosotros.

Hoy quiero compartir con mis compañeros de grupo y con todos los ciudadanos nicaragüenses algunas reflexiones.

Nos disponemos a participar en unas elecciones y, al igual que en el pasado reciente, y en el “no tan reciente”, me parece a mí que lo hacemos en calidad de rehenes. ¿Cómo llegué a esa conclusión? Permítanme...

Vamos a elegir autoridades municipales. La elección se hace por listas, es decir, no votaremos por personas, sino por listas de personas. Esas listas han sido elaboradas por los partidos políticos y/o alianzas políticas legalmente constituidas.

Primero me pregunté: ¿debo votar? Si me abstengo, se interpretará esa abstención como falta de interés y los dirigentes de los partidos políticos considerarán que pueden seguir prostituyéndose y prostituyendo mi voluntad, ya que no me importa. Por otro lado, si me abstengo abro un poquito más la puerta a soluciones violentas que no quiero se produzcan. Así llegué al convencimiento de que debo votar.

A continuación me pregunté: ¿por quién debo votar? Pensé que para contestarme esa pregunta debía examinar las opciones que se me presentan, ver en qué se diferencian, analizar sus respectivas ventajas y desventajas.

Veamos lo que mi “jupa” pudo producir:
¿Conozco personalmente a alguna candidata o candidato? No...

¿Conozco sus acciones? Algunas de ellas, algunas de las públicas...

¿Hay algo en esas acciones que me inspire confianza en sus capacidades e intenciones? Algunos de ellos parecen buenas personas, pero otros claramente no lo son; sus acciones así lo demuestran...

¿Puedo confiar en que alguno de ellos, al ser electo, será fiel a la población que lo eligió y no al partido que lo incluyó en la lista? No creo... uno de los partidos hasta los hizo firmar un documento legal en ese sentido.... No, definitivamente no puedo confiar en eso...

Así que el poder último lo tienen los partidos que propusieron las listas... humjú... quizás si comparo las acciones de esos partidos pueda tomar una decisión acertada... Los principales partidos son: casilla 1: PLC-Alemán; casilla 2: FSLN-Ortega...

En la práctica, ¿en qué se diferencian los dirigentes de estos partidos? Veamos: se acusan mutuamente de delitos y malas intenciones, pero “a la hora de las piedras pómez” siempre se ponen de acuerdo, sea en la Asamblea Nacional, en la Corte Suprema de Justicia o en el Consejo Supremo Electoral...

Cuando no se ponen de acuerdo, uno de los dos calla y el interés del otro no encuentra obstáculo real...

Últimamente han incrementado sus mutuos ataques públicos: que los corruptos, que los piñateros, que los neoliberales, que los comunistas… pero el Sr. del PLC, que debería estar en “la modelo”, sigue en “su” finca; y la Sra. coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y el Sr. Presidente no encuentran oposición alguna a sus acciones en los dirigentes del PLC... jum... Los corruptos no se oponen a los piñateros, los neoliberales no ven nada de malo en las acciones de los comunistas, los comunistas no echan presos a los neoliberales corruptos, sólo “de boca” se atacan…

¡Sorpresa! ¡No hay diferencia entre la casilla 1 y la casilla 2 en estas elecciones! ¡Ambas son las columnas que sostienen el estado de cosas que quiero cambiar! ¡En efecto, somos rehenes en una elección en la cual no hay opciones realmente diferentes!

Resumiendo:
a) Debo votar para expresar mi compromiso con las soluciones pacíficas y legales.

b) No puedo confiar en los candidatos por su relación con sus partidos y estoy seguro de que los principales partidos cumplen con la “ley férrea de la oligarquía” (palabra muy de moda ésta, oligarquía). Se han convertido en fines en sí mismos, sólo responden a sus intereses y no a los nuestros como miembros de la población.

¿Qué hacer? volví a preguntarme... ¡¿Qué hacer?!
Puedo votar nulo, anular mi voto marcando varias o todas las casillas de la boleta electoral. Pero… ¿qué logro con eso?, me pregunté. Cada voto nulo representa un voto de condena al estado de cosas que quiero cambiar. Si hay suficientes votos de condena se producirá una crisis de legitimidad del sistema. ¡Ajá! Pero, el voto es un acto privado... ¿Puedo confiar en que la cantidad de votos nulos será publicada fielmente? No sé... no creo... ¿Qué hacer?...

¿Qué tal si todos los miembros del grupo, todos los que compartimos las tres ideas, vamos a votar llevando un distintivo visible? Debe ser un distintivo que no viole la Ley Electoral, debe ser un distintivo que no nos exponga a las represalias de los partidos.

Está difícil... podría ser... ¡ya sé! algo así como: todos de pantalón azul y camisa blanca. Esta solución tiene el atractivo de coincidir con los colores de la Patria y, al mismo tiempo, si nos encontramos con alguna agresión siempre podremos decir que es casualidad, ya que son colores de uso común... (Evidentemente, ustedes mis compañeras y compañeros del grupo podrán usar ese argumento, yo no, ya que estoy escribiendo y firmando estas reflexiones... a lo mejor puedo argumentar locura temporal... ya veré).

Mientras más lo pienso, más me gusta la idea: un mar de gente de azul y blanco (o usando cualquier otro distintivo) haciendo filas para votar... ¿Ustedes qué opinan? incluso podrían votar por algunos de los candidatos, si es que los conocen personalmente y confían en ellos y creen que les pueden exigir que trabajen por la población, porque el mensaje llegaría de todos modos: ¡No queremos más mal gobierno! ¡No queremos más corrupción! ¡Más de 18 años son suficientes!
¿Qué les parece? Si están de acuerdo… ¡Rieguen la bola! ¡Pasen la idea!... propónganselo a sus familiares, a sus amigos y pídanles que hagan lo mismo, que pasen la idea. ¡A lo mejor nos damos la sorpresa el día de las votaciones de darnos cuenta de que somos mayoría!
Pero, ¿resolvemos el problema fundamental, el problema de donde salen nuestras tres ideas en común? No, no lo resolvemos, el problema sigue vigente...

Para resolverlo es necesario que dejemos de actuar individualmente; es necesario que compartamos nuestras reflexiones y elaboremos propuestas... No tenemos que formar un partido político, de hecho creo que ése sería un paso equivocado, pero sí debemos tomar conciencia de quiénes somos y pensar desde ya en lo que esperamos que se haga para cambiar aquello que queremos cambiar... No resolvemos el problema, pero es un paso adelante, el camino se hace paso a paso...


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