Jorge Eduardo Arellano
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Generación “Y” es el término que se utiliza para nombrar a los adolescentes y jóvenes en la actualidad. Esta generación, y según los estereotipos impuestos por la sociedad, es catalogada como conflictiva y perezosa, no se esfuerzan lo suficiente, son faltos de inquietudes y ambiciones, viviendo el día sin pensar en el futuro.

Esta generación nacida en los años 80 son los hijos de la Generación X (el término Generación X se usa normalmente para referirse a las personas nacidas en los años 1970), que a su vez son los hijos de los Baby Boomers. En Nicaragua la generación “Y” representan alrededor del 64% de la población (2,200,000), constituyen alrededor del 49% de la Población Económicamente Activa (PEA) y más de la mitad de la población en edad de votar.

Esta situación, sin embargo, contrasta con las estadísticas políticas y socioeconómicas que revelan una participación casi nula de adolescentes y jóvenes en los procesos de toma de decisiones y empleos, así como en la definición e implementación de políticas públicas a nivel municipal, regional y nacional.

Contradictoriamente esta generación tiene más estudios que los que tuvieron sus padres, pero triplican la tasa de desempleo. Se relacionan mejor con la tecnología que los adultos; sin embargo, les siguen cerrando las puertas laborales porque no tienen experiencia. Están más preparados, pero se les dificulta independizarse y permanecen hasta edades adultas con los padres. Son el sector de la población que nunca se enferma; no obstante, se enfrentan a situaciones de alto riesgo como accidentes, adicciones, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Son los que mejor se adaptan a los cambios y por ello inflan año con año la tasa de migración, propiciando la fuga de cerebro y la desintegración familiar (poco más de 14 mil jóvenes indígenas, afro descendientes y mestizos de la Costa Caribe se encuentran trabajando en barcos turísticos).

La fuerza de trabajo calificada presenta una tasa de desempleo de un 17%. El desempleo abierto que muestran las personas que tienen un título universitario es mayor al que afecta a la Población Económicamente Activa del país (alrededor de 5%). El 10% de la Población Económicamente Activa calificada se encuentra realizando trabajos técnicos y profesionales de nivel medio, los cuales no son trabajos que corresponden a su calificación.

Esta tendencia a subestimar el actuar de jóvenes calificados en todos los ámbitos se debe a que en la sociedad nicaragüense persisten todavía prejuicios como la discriminación generacional y de género. Se estima que de cada 100 nuevos contratos laborales aprobados en el año 2008, 93 son para adultos y sólo 7 para jóvenes, independientemente de su nivel de preparación profesional o capacidad laboral. A ello debe añadirse que los trabajos disponibles para jóvenes tienden a ser de alto riesgo y muchas veces, por estar dentro del sector informal, no cumplen con requerimientos legales como contratos laborales, salarios dignos, prestaciones sociales, seguros contra accidentes laborales, entre otros. Esta situación se exacerba aún más al considerar los altos índices de prostitución y explotación sexual de jóvenes en la Costa Caribe de Nicaragua.

El Informe de Desarrollo Humano de Nicaragua hace especial énfasis en los problemas y necesidades que enfrentan lo jóvenes, particularmente en lo referido a su inserción al mercado laboral y su posible solución; asimismo, y tomando en cuenta que se acercan las elecciones municipales y que para muchos de los partidos políticos los jóvenes constituimos sus principales votantes, el empleo es un factor fundamental a tomar en cuenta y así evitar la fuga de cerebro hacia otro países.


*Licenciado en derecho de la Universidad Politécnica de Nicaragua y miembro del Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes (JENH – Cedehca)