Augusto Zamora R.*
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Si usted, lector, fuera preguntado qué país produce más películas en el mundo, con seguridad respondería que EE.UU. Si preguntaran sobre el mayor centro de cine, respondería Hollywood.

EE.UU. produce una media de 700 películas al año, casi dos por día. Su poderosa maquinaria publicitaria multiplica el efecto por mil y, en nuestra región, satura su espacio audiovisual.

No obstante, el mayor productor mundial de cine es India, con 1,200 películas al año, unas tres al día, para un mercado de 1,300 millones de personas. Aquí es imposible ver una. La meca del cine indio se llama —con no poca sorna— Bollywood.

Otra sorpresa: el siguiente en producción fílmica es Nigeria, con mil películas anuales, que salen de Nollywood. El tiempo medio para hacer una película son doce días. Independizada en 1960, Nigeria ha creado una industria millonaria y exitosa.

China es también una potencia fílmica. Sus casi 500 películas la acercan a EE.UU. en números y calidad, aunque sean ignoradas por quienes contratan los filmes que veremos.

No es un simple juego de números. El monopolio fílmico estadounidense refleja la dictadura ideológica que sufrimos, en un campo tan esencial para las sociedades como es el audiovisual.

El cine es un potente difusor de ideologías. Configura nuestro mundo. Obligados a ver solo películas estadounidenses, nos programan para verlo como estadounidenses.

Es salud social, mental, romper, incluso por ley, esa dictadura. Hay otros cines, otros mundos. Va en nuestro beneficio conocerlos.

 

az.sinveniracuento@gmail.com