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No soy teólogo ni pretendo serlo. Tampoco presentaré una doctrina teológica de la salvación o la justificación. Con palabras sencillas y fundamentadas en la Biblia, me refiero al artículo del Dr. Adolfo Miranda. Resumiendo su exposición, puedo decir: “Es la presentación de un cielo fácil, en que todos los creyentes o no en el Señor obtienen una vida eterna en paz con solo amar al prójimo”.

O sea, que un famoso narcotraficante que asesinó a decenas de personas, pero que al igual que Robin Hood les daba ayuda a los pobres, ha de estar en el cielo. La verdad es que ir al cielo no es tan fácil, a como quisiera mi amigo Adolfo. La Biblia no dice que la salvación es por obras amando al prójimo. No sé en qué versículo de la Biblia se basa el Papa para afirmar semejante barbaridad.

Se dice que en el Nuevo Testamento hay casi doscientas alusiones a que la salvación es por la fe solamente, y no se mencionan las buenas obras. Si no fuera por la fe solamente (en Cristo), el mensaje de Jesús en el evangelio de Juan sería una mentira porque diría que hay una condición cuando en realidad hay dos: la fe y las obras.

La salvación tampoco se gana, y quizás intenten ganarla viviendo de la mejor manera posible o haciendo muchos sacrificios y obras, pero al final el hombre no tiene poder para salvarse. Ni la iglesia tiene poder para salvar. No pertenecemos a la iglesia pensando que es el medio de salvación, o como piensa el catolicismo, que fuera de la “Santa Madre Iglesia” no puede haber salvación.

Somos miembros porque somos salvos, no miembros para ser salvos. La salvación es regalo e iniciativa divina. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Es Dios buscando al hombre, y no el hombre a Dios. El Evangelio muestra que cuando Dios salva al hombre por medio de la fe, lo hace de una manera justa.

Somos salvos por el poder y la justicia de Dios: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17). “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1ª Corintios 1:16).

Somos salvos no por obras, sino por la fe para realizar buenas obras. Las buenas obras no son condición para ser salvos, pero sí son consecuencias de nuestra salvación. Podemos vivir una vida moralmente justa y realizar buenas obras sin tener comunión con Cristo o con Dios, pero la Biblia enseña que esas buenas obras de justicia humana son para Dios como “trapos de inmundicia”. “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6).

El hombre no puede hacer nada en el sentido de lograr su salvación. Dios ofrece su Gracia a fin de que pueda alcanzar la salvación de su alma, y que ante Dios no es suficiente la sinceridad, sino que se hace imprescindible realizar las obras de la manera exacta que él ha establecido.

 

* Laico bautista.

ocalero@gmail.com