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Entre copa y copa es el título de la popular canción de Miguel Aceves Mejía. Por eso me pareció de lo más original que llevara ese mismo nombre la última obra de Edgard Tijerino Mantilla, pues no se trata de una copa llena de tequila, sino de la copa que se disputa en los campeonatos mundiales de fútbol, el próximo a realizarse este año en Brasil.

Desde que le conocí, en la Redacción de La Prensa, a inicios de los años 1970, a lo largo de una amistad de unos 40 años Edgard no me sorprende. Había escuchado su nombre como guardameta del equipo de fútbol de la UCA. Me llamó la atención su estilo, nuevo en la crónica deportiva, similar al de las novelitas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía. Con los años enriqueció su estilo y el contenido, en la medida que se convirtió en un incansable lector.

Fue a finales de la década de 1970 que se fortaleció nuestra amistad, cuando integramos una célula, bajo la dirección de Bayardo Arce y William Ramírez, tendencia GPP, en la que estaban también Vivian Tórrez y Manuel Eugarrios. Cuántas veces Edgard puso en riesgo a su familia, cuando en su casa se tenían reuniones clandestinas o hacía traslados en su vehículo. Nunca he sabido que se haya jactado de eso, ni inventado trayectoria al estilo de los que no aportaron ni sal para un jocote.

Si bien, Edgard, con el apoyo de su familia, en especial Auxiliadora, merece un brindis por su obra que cuenta con siete libros, es otra la razón de mi brindis. Edgard además de su tenacidad y disciplina, el equilibrio entre lo que dice y hace, es un ejemplo de amistad. La lealtad de Edgard ha estado siempre por encima del oportunismo, el temor a la represalia o el riesgo de las consecuencias. Ejemplo, cuando fue encarcelado Carlos García Solórzano, su amigo.

La noche en que se presentó en la UCA “Entre Copa y Copa”, también hubo una convocatoria numerosa alrededor de un amigo. Un hombre cuyo concepto de la amistad no tiene dobleces, manipulaciones ni medias tintas. Qué satisfactorio es saber a qué se atiene uno con los demás. Cuando la transparencia da confianza y tranquilidad.

El primer título que se me ocurrió fue el de “Un brindis por la verdadera amistad”, luego quité “verdadera”, porque la amistad no admite calificativos, ni que se le cuantifique. La amistad no puede estar condicionada a cargos o puestos. Posiciones políticas, económicas o sociales. Qué triste es cuando la amistad se pone a prueba, se vuelven mudos los teléfonos celulares y hay borrón en la lista de los invitados.

Por eso, brindo por la amistad con Edgard Tijerino Mantilla. Brindo para que siga siendo ejemplo de lealtad. Brindo por ser, Edgard, consecuente, respetuoso y tolerante. Hago un brindis, como dice una de las canciones segovianas de la lucha sandinista: “Que se redamen las copas”.

 

* Periodista-Historiador.