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Asumamos la hipótesis del escenario más favorable para el megaproyecto de canal interoceánico. Lo que significa:

-Que los estudios de factibilidad que están realizando los chinos sobre la ruta alternativa a la del río San Juan confirman que esta es viable económica y ecológicamente. Algo que todavía no sabemos.

-Los gringos saben que detrás del empresario chino que firmó la concesión está el Gobierno chino desplegando un movimiento estratégico para fortalecer a China como potencia económica y política emergente. Se acepta aquí como supuesto que una vez confirmada la viabilidad efectiva del proyecto, los gringos no interfieran para impedir su materialización.

-Que en la fase de construcción del proyecto, los chinos no cometan errores que provoquen una catástrofe ecológica, algo que Nicaragua no está en capacidad de evitar por el tipo de acuerdo que firmó. Los chinos quieren evitar estos errores porque están interesados en un proyecto exitoso. Pero si los han cometido en su propio territorio, está dentro de lo probable que puedan cometerlos en territorio nicaragüense. Esta probabilidad se puede minimizar, pero no es absolutamente descartable.

Supongamos, entonces, el escenario antes descrito, que sería el escenario exitoso.

Si no se cambia la actual política económica, la construcción de un canal interoceánico no soluciona por sí misma los problemas históricos de Nicaragua como país ubicado en el capitalismo periférico, muy atrasado en su desarrollo, inicuo y con un enorme lastre de pobreza y exclusión social. El canal será un enclave más, bastante más grande que los que hemos tenido y tenemos. Pero su potencial económico no se diferenciará sustancialmente de las bananeras, las minas o las zonas francas.

Durante el período de construcción (unos cinco años o quizá un poco más), habrá una animación importante del empleo formal y un elevado crecimiento del PIB producto de la actividad constructora. Sin embargo, no es posible esperar efectos multiplicadores significativos en el resto de la economía, debido a que su desarticulación interna generará pocos encadenamientos con la nueva empresa de servicios. Los proyectos subsidiarios que aparecen en el acuerdo (el oleoducto, el ferrocarril, los puertos, las zonas francas, los aeropuertos), si llegan a realizarse, son ideas sueltas que sugieren improvisación y duplicación, y no responden a un diseño para la construcción de un mercado interior.

El ingreso seguirá concentrándose, el déficit comercial y la deuda pública estarán llegando a su clímax. Si se mantiene la ayuda venezolana (¿se mantendrá?), habrá una magra disminución de la pobreza.

Después vendrá la fase de operación del canal. 50 años, prorrogables por igual tiempo, administrado por los chinos con dividendos mínimos para el Estado nicaragüense que crecerán muy lentamente. La desocupación formal aumentará. El crecimiento del PIB disminuirá drásticamente. Los ingresos del Estado provenientes del canal se ocuparán para el pago de la deuda pública. El FMI exigirá que la ayuda venezolana, si existe, se ocupe para pagar esta deuda. El tiempo político, que será largo, quizá permita que el régimen actual (con o sin cambio de liderazgo) sobreviva. Pero hasta aquí.

La ceguera neoliberal que padecen los círculos áulicos les impide ver algo fundamental: sin la construcción de un mercado interior, nacional o regional, nunca hubo ni habrá desarrollo.

 

* Planificador económico, historiador y sociólogo.