Bayardo Altamirano
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Tengo una deuda y un deber. Deuda con un apreciado maestro que lee y comenta mis artículos. Hablábamos de un insigne maestro del colegio Darío, don Sofonías Salvatierra. Recordar y dar a conocer a quienes han honrado a la patria es un deber de quienes colaboramos en El Nuevo Diario.

Sofonías Salvatierra fue un centroamericano ejemplar, de notables cualidades. Orgullo de Rivas, pues nació en Potosí en 1882, donde inició sus estudios primarios. Sus padres no tenían facilidades económicas para darle educación superior. Autodidacta. Dotado de un privilegiado talento y de una voluntad tenaz, supo aprovechar esas cualidades para forjarse a sí mismo como hombre útil, con calibre de patriota, escritor y maestro.

En 1911 instaló en Managua la Tipografía Progreso, en la que pudo editar sus obras pedagógicas, humanísticas y literarias.

Su actividad principal fue el estudio de la historia, que lo llevó a la profundización investigativa de la historia de Centroamérica, convirtiéndose en un historiógrafo reconocido más allá de las fronteras patrias. Fue profesor de esta materia en los institutos de Managua y El Salvador, donde permaneció algún tiempo dedicado a escribir sus obras y a trabajar como profesor de Historia de Centroamérica.

Su pasión por la historia lo llevó a España a investigar en el Archivo General de Indias, de Sevilla, la documentación relativa al proceso histórico desde antes del descubrimiento hasta la independencia de Centroamérica, lo que le permitió escribir su “Contribución a la historia de Centroamérica” (1939), en dos tomos.

Se interesó en la organización de la clase obrera de Nicaragua, fundando sindicatos y escuelas para educar a la juventud obrera. Redactó un anteproyecto para un Código del Trabajo, que no llegó a publicarse.

Apasionado por la causa unionista de Centroamérica, se empeñó en divulgar por todos los medios a su alcance la urgente necesidad de realizar la unión y la importancia de despertar en el ánimo de la juventud la trascendencia de formar la patria grande que necesitamos para salir del subdesarrollo a que nos han sometido. Siguió la huella de Morazán, Jerez, Barrios y de todos los abanderados de ese gran ideal que con su vibrante pluma de periodista y de poeta defendiera y cantara el genio de Darío.

Don Sofonías fue miembro de prestigiadas instituciones académicas de América y de Europa. Miembro activo por muchos años de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, institución que le rindió merecidos homenajes y distinciones por su magnífica labor.

De su abundante producción citaremos algunas obras: “Azul y Blanco” (1919); “Sandino o la tragedia de un pueblo” (1934); “La Verdad os hará libres” (1945); “Hechos e ideas” (1948); “Máximo Jerez Inmortal” (1950).

Escribió su “Compendio de Historia de Centroamérica” (1943), que alcanzó cinco ediciones y fue declarada obra de texto para los institutos y escuelas normales de Nicaragua. De esta obra escribió:

“Hemos considerado la historia de la América Central vista como es, no fraccionada, sino total. Dividir a Centroamérica en la historia, como la ha dividido la política, es un absurdo. La América Central vista como un todo es una realidad en su historia, y no se puede enseñar esta materia en cinco partes diferentes, porque sería una incoherencia. Así, solo se dejarían fragmentos en la conciencia de la juventud”.

Don Sofonías vivió estudiando y escribiendo siempre. Falleció en 1964 en Managua, ante el dolor de los que en Centroamérica supieron apreciar sus virtudes de ciudadano ejemplar.

 

* Docente, UNAN-Managua.