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Esta semana celebramos el Día Internacional del Amor y la Amistad. Tiempo propicio para meditar sobre la verdadera amistad. ¿Existe realmente?

Los avances tecnológicos de las últimas décadas han producido cambios, tanto positivos como negativos en la forma en que nos relacionamos: nos mantiene informados casi al instante, permite la conexión masiva entre seres humanos derribando cualquier barrera como la distancia, tiempo, edad y cultura. Vivimos en un mundo llamado “aldea global” donde las distancias se han reducido y transformado la forma en que nos comunicamos.

Estos mismos avances han cambiado el concepto de la amistad. Ya no conocemos al vecino, en el trabajo las relaciones se limitan a compartir asuntos de trabajo y las relaciones se marcan por un espíritu de competencia, y difícilmente se puede llegar a confiar plenamente en alguien. Más aún cuando se trata de asuntos políticos, donde las acciones son motivadas para obtener el mejor provecho, donde se puede experimentar la traición.

En cuanto a las relaciones virtuales podemos estar engañados creyendo que tenemos muchos “amigos” solo por el hecho de estar conectados en alguna red social, cuando en realidad la gran mayoría son simplemente contactos en el mundo virtual. En esto la juventud debe tener mucho cuidado, para no ser engañados y salir heridos de alguna mala amistad.

Las relaciones virtuales no son las mismas que a nivel personal, no es lo mismo relacionarse con alguien por mensajes que tener el privilegio de conversar, verle a los ojos, tomarse un café y mostrarle afecto de manera personal. Surge así la gran paradoja de la tecnología y el desarrollo: acerca a los que están lejos pero aleja a los que están cerca, y entre más grandes o desarrolladas las ciudades, más solitarias se sienten las personas.

Tener un amigo es tener una poderosa influencia en nuestra vida, ya que a menudo terminamos compartiendo sus mismos criterios, sus mismos gustos, y por ello la importancia de elegirlos sabiamente.

Pero resulta que no todo aquel a quien llamamos amigo resulta que lo es. Ser un amigo es una virtud del ser humano, es llegar a ser esa persona con la que se puede compartir y confiar. La esencia de la amistad se resume en buscar lo mejor para el otro, no se trata de una relación que busca el beneficio propio. Un amigo sincero es aquel que está en todo momento, tanto en las buenas como en las malas, convirtiéndose más que en amigo, en hermano.

Este tipo de amistad es difícil encontrar en este mundo, dominado por el individualismo, egocentrismo y materialismo, que hace que a menudo las amistades sean motivadas por intereses personales o conveniencias, buscando sacar el mejor provecho.

Pero podemos desarrollar una amistad profunda por medio de una relación que las Escrituras llaman “amor fraternal” y se caracteriza por el vínculo de amor y misericordia que une a las personas en una relación de afecto, sin máscaras ni hipocresías, que busca levantar al otro cuando ha caído. Esa relación puede llegar a doler, pero no porque deliberadamente se quiera hacer daño sino porque se dicen la verdad por muy dura que esta sea, y que busca motivar al otro a corregir lo malo de su actitud o conducta.

La amistad verdadera solo la encontramos cuando alguien está dispuesto a dar su vida por nosotros, a pesar de lo malo que hayamos hecho o del daño que hayamos causado. Y si buscamos entre todos aquellos a los que llamamos “amigos” podríamos enfrentarnos a una dura realidad: nadie daría su vida por nosotros.

Sin embargo, hubo un hombre que nos amó tanto que entregó su vida por nosotros, a pesar de nuestras imperfecciones, de nuestros errores, de nuestra maldad y traición: fue Jesús, el Hijo de Dios. Llevó sobre sí todo el castigo de nuestro pecado, murió porque tuviésemos paz con Dios al restaurar la relación que había sido rota por el pecado, por nuestra autosuficiencia.

De manera que solo en Jesús podemos encontrar al verdadero amigo, y esa relación es la que nos capacita para desarrollar amor fraternal entre los seres humanos. Él es todo lo que nuestro corazón necesita para tener paz.

Él nunca te fallará, jamás te abandonará, siempre estará contigo en los momentos de soledad, de angustia, de tristeza, de abandono, de traición o de desesperación. Él quiere ser para ti el verdadero amigo que tanto anhelas. Es todo lo que necesitamos.

Que Dios les bendiga y que pasen un feliz Día del Amor y la Amistad.

 

* Director del Centro de Formación Familias en Paz.

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