Jorge Eduardo Arellano
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El próximo nueve de noviembre los nicaragüenses ejerceremos libremente nuestro derecho constitucional de votar por los candidatos a alcalde y a concejales de nuestra preferencia política. Serán éstas las terceras elecciones municipales independientes de las elecciones presidenciales y de diputados. Dicha separación se hizo con el objetivo de no contaminar las elecciones locales con los otros tipos de elecciones, para favorecer el municipalismo. Sin embargo, los partidos políticos de la derecha, organismos no gubernamentales y algunos personajes desean que nuestra agenda municipal sea sustituida por los problemas de orden nacional que tienen o no que ver con la gestión del gobierno central o de cualquier otro poder del Estado. Así vemos que nos presentaron un decálogo para echar a perder nuestro voto, anulándolo. Nos gritan que no hay por quién votar. Llaman a la abstención. Propagandizan el voto castigo. Promueven la confusión. Desean generar el desorden. Hacen campañas mediáticas internas y externas muy sincronizadas (una tras otra). El caos originado por la derecha boliviana contra Evo Morales es un deseo no confesado que si pudieran imitarlo aquí, lo harían sin pensarlo dos veces. Descalifican al Consejo Supremo Electoral porque ahora no está dominado ni subordinado a los partidos políticos de la derecha como en las elecciones presidenciales de 1996 y 2001. Claman por organismos de observadores que reciben dinero del Instituto Republicano de Estados Unidos y manejan fondos mayores que los presupuestos anuales de varias dependencias del Estado nicaragüense. Ahora vemos al MRS marchando con el PLC; olvidaron su discurso anti-pacto y anti-corrupción. ¿Por qué no dan la cara Dora María Téllez, Hugo Tórrez o Sergio Ramírez ante ese nuevo pacto?
Deben ser más de 150 elecciones independientes, exceptuando los municipios afectados por desastres en la RAAN, por ser una en cada municipio y para cada municipio. La realidad de cada municipio es muy particular, aunque existen problemas comunes. Pero los políticos de derecha insisten en presentar como bandera los errores del gobierno sandinista actual. De ahí que el lema del principal adversario político del gobierno y del FSLN sea todos contra el presidente Ortega Saavedra, como que si Daniel es candidato a alcalde de Managua. La derecha que tanto ha clamado por votar a favor de… y no en contra de…en estas elecciones municipales quiere inducir el voto castigo. Castigar a los municipios por los supuestos errores gubernamentales. Si se dice querer una capital moderna entonces se debe presentar una forma de pensar moderna y no arcaica: yo voto contra fulano, aunque fulano no sea mi alcalde ni mi concejal. De ningún modo estas elecciones municipales pueden convertirse en una sola elección. No son elecciones nacionales. No vamos a elegir presidente ni diputados. Vamos a elegir a alcaldes y concejales. ¡Vamos a votar por nuestro municipio!
La elección municipal de Managua reviste particular importancia por ser la capital; ciudad donde se concentra entre el 20 y 25% de la población; lugar donde la recolección de impuestos de todo tipo es mayor debido a la actividad económica sin comparación con otros municipios. Por su silla edilicia compiten Alexis Argüello (FSLN), Eduardo Montealegre (PLC) y Efraín Payán Leiva (ALN). Argüello tiene como sólidos antecedentes de respaldo los siguientes: conocido y muy querido por todos los nicaragüenses debido a su grandiosa carrera deportiva como tres veces campeón mundial de boxeo profesional; dos administraciones municipales sandinistas, previas, capaces y honestas que cortaron la racha de alcaldes liberales corruptos (Herty Lewites en 2000-2004 y Dionisio Marenco 2005-2008); y su experiencia como vicealcalde en este último periodo mencionado, durante el cual impulsó decididamente el deporte cosechando hasta un campeón mundial de boxeo, de calidad indiscutible, como Román “Chocolatito” González. Nadie puede tildar a Alexis de ladrón o corrupto; nadie puede decirle que se enriqueció ilícitamente. Por otro lado, muchos cronistas deportivos se viven quejando de que en Nicaragua las glorias del deporte no son tomadas en cuenta ni llevan una vida digna. Todo indica que Argüello con el apoyo del Frente Sandinista está demostrando lo contrario.

En cambio, la única aparente fortaleza de Montealegre es su preparación. Un título universitario no fue ninguna garantía para que no participara en el robo del siglo cuando el Estado asumió las quiebras de bancos privados y los banqueros como él hicieron un negocio redondo que le costó al pueblo de todos los municipios 500 millones de dólares, o sea 17 mil millones de córdobas. ¡Con ese dinero perdido y robado cuántas obras municipales se pudieron hacer! Título universitario también tenía Arnoldo Alemán cuando fue alcalde de Managua, cargo en el que inició el escandaloso enriquecimiento ilícito personal y donde encontró la caja chica para financiar la reagrupación y el resurgimiento de los partidos políticos afines al liberalismo somocista. De tal forma que los votantes deben tener presente que título universitario no significa honestidad. Y robar, dicen los cristianos, es un pecado. Montealegre se olvidó de su discurso anti-pacto y anti-corrupción y hoy está aliado y subordinado a Arnoldo Alemán, a quien traicionó en tiempos de la presidencia de Enrique Bolaños. A propósito, cuando fue ministro de Haciendo y Crédito Público, Montealegre además de congelar o reducir la inversión social recortó los fondos para dar un vaso de leche con galletas a los niños pobres en las escuelas públicas (en un país con 80% de pobreza y 35% de desnutrición infantil). Esto demuestra que no tiene la mínima sensibilidad social. Si Montealegre pierde otra vez, se volvería un cadáver político con una fortuna de seis millones de dólares. ¿Qué interés tiene un rico millonario en ser alcalde de la capital? No lo mueve acaso el interés de clase, su clase social, su riqueza. No es cierto que no hay lucha de clases en estas elecciones municipales; un pobre no debería votar por un rico, sino por uno de su clase.

Payán tiene como gran fortaleza el ser candidato de la disidencia liberal organizada, cuyo discurso anti-corrupción se opone al pacto entre liberales y sandinistas; es el candidato de la segunda o tercera fuerza política según los resultados de las elecciones presidenciales y de diputados de 2006; posición que tiene derecho legítimo a defender. ALN, una fuerza beligerante en la Asamblea Nacional, la misma que resistió la deserción de Montealegre motivada por el interés personal; ALN cuenta con buenas posibilidades en varios municipios. No puede negarse que la disidencia de la derecha, o sea liberal, ha sido más eficaz e inteligente que la disidencia de la izquierda; se ha convertido casi silenciosamente en un buen interlocutor del gobierno central. Su persistencia, contra viento y marea, en formar un partido político independiente del PLC, auténticamente liberal y más próximo a los principios de la revolución liberal democrático-burguesa de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, le hacen merecedora del favor de una buena parte de los votantes en cada municipio.

Concluyendo, algunos parámetros que pueden servir para decidir por quién votar pueden ser: honestidad del candidato y de las administraciones previas del partido que representa; acciones ambientalistas; cuido de las cuencas; mejorías en el transporte público; adquisición de nuevas maquinarias para la recolección de la basura y proyectos concretos para nuevos vertederos de basura; mejoramiento de la red vial; restauración y construcción de monumentos históricos; mantenimiento de parques; construcción de calles, carreteras y drenaje de aguas negras; aumento de la recolección de impuestos, entre otros.