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Jesús Miguel Blandón ha sido hasta ahora el más profundo estudioso de la vida y obra de Carlos Fonseca Amador. También Blandón fue el pionero en la narración de las experiencias armadas antisomocistas, cuasi olvidadas por las versiones convencionales y sintetizadas, en su obra “Entre Sandino y Fonseca”. Blandón, multifacético, persevera en la narración histórica, con un nuevo trabajo: “Carlos Fonseca, sacrificado”, el cual tiene un sugestivo subtítulo: “¿Quiénes le enviaron a la muerte?”.

No obstante sus méritos, el libro ostenta algunas imprecisiones, que, aunque mencionadas, no fueron detalladas por algunos de sus comentaristas. En este caso, haremos referencia a algunos acontecimientos internacionales, localizados entre las páginas 77 y 116.

Desde el año de 1943 se produjo la disolución de la Internacional Comunista, como línea de la Revolución Mundial; se reafirmó la concepción leninista de que cada partido comunista debería trazar su programa y estrategia de lucha, según las condiciones particulares de cada país. De allí que en lo adelante los errores y aciertos provinieran de una concepción nacional y no de una línea internacional. Por tanto el tiempo histórico —en los años sesenta— que analiza el autor está totalmente alejado de las circunstancias de las diferencias entre Sandino y la Internacional en 1930.

Salvo el caso de la experiencia de El Chaparral en 1959, en que, para poner fin a las disputas entre los revolucionarios, el Che Guevara tomó la decisión de nombrar como jefe expedicionario de la columna al exteniente Rafael Somarriba, el Estado cubano, a través de sus representantes —sin entrar en menoscabo de la solidaridad internacional—, jamás interfirió en la selección individual y colectiva de las dirigencias de los movimientos revolucionarios del mundo, incluido el de Nicaragua. Por tanto, ningún estamento de la Revolución obró en beneficio de Noel Guerrero Santiago para anular el liderazgo de Carlos Fonseca. La microfracción citada por el autor fue un fenómeno acontecido en 1968 en lo interno del proceso cubano, totalmente ajeno en el tiempo y a las situaciones internas de los revolucionarios nicaragüenses, concentrados entre 1961 y 1962 en Cuba. (Ver informe completo de Castro Raúl, 1968).

Dentro de la dialéctica, el uso de los métodos histórico y lógico es concluyente para comprender determinadas situaciones y evitar especulaciones. En la página 80, el autor pone en duda la posición ideológica de Fidel, y afirma: “es imposible adivinar la manera de pensar del líder cubano en 1959”. Si bien esta posición no fue definida en la época, por razones tácticas, en la actualidad hay suficiente claridad al respecto. El líder y el núcleo dirigente de lo que sería el Movimiento 26 de Julio eran marxistas-leninistas, desde antes del golpe de Estado de Batista en marzo de 1952. Pero, a diferencia de Partido Socialista Popular (PSP, el Partido Comunista de Cuba), decidieron levantar un movimiento de masas, a través de un programa de liberación nacional y social, sin proclamar abiertamente el socialismo, para vadear la fuerte alienación anticomunista impuesta a la sociedad cubana. Fidel Castro Ruz ya era un marxista definido, y es incorrecto decir que se tornó comunista al ser bloqueado por EE.UU., a como lo afirman los opositores cubanos y los intelectuales de la derecha internacional.

Son incongruentes, de igual modo, los señalamientos que se hicieron al antiguo PSP —que retoma el autor— con el objeto de impedir o deslegitimar la unidad revolucionaria que promovió Fidel y la dirección política de la Revolución con el mismo. La totalidad de la sociedad cubana y la intelectualidad revolucionaria reconoce el papel jugado por este partido desde su fundación en 1925, en distintos lapsos de la historia, logrando sustanciales reivindicaciones sociales, políticas y económicas para la clase obrera y campesina. Entregándose en este afán, centenas de vidas de militantes y dirigentes como Julio Antonio Mella, Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias. El PSP se lanzó solo a la lucha contra Batista desde 1952, y en 1956 en contacto con Fidel y su movimiento, apoyando a la columna guerrillera establecida en la Sierra Maestra; integrándose a la lucha armada en enero de 1958 (parte media de la lucha guerrillera), paso decisivo para fortalecer el Frente Oriental y las columnas invasoras de Occidente.

Válido es citar la afirmación de Fidel durante la apertura del I Congreso del PCC en 1965: “… al revés de lo que ocurre muchas veces desgraciadamente en otros países, había un profundo respeto hacia los viejos comunistas, que durante años heroicos y difíciles habían luchado por el cambio social y mantuvieron en alto y con firmeza… las hermosas banderas del marxismo-leninismo” (Castro, 1965, pp. 25-26). Los viejos comunistas encabezados por Blas Roca, reconocieron a su vez el papel vanguardia jugado por Fidel y su generación, para lograr el triunfo revolucionario, y fueron un soporte sólido en el sostenimiento del proyecto socialista cubano.

 

* Historiador y escritor.