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Son diversos los géneros musicales y las canciones que me gustan. En primer lugar, están las que pertenecen a la época de oro de la Sonora Matancera (1947-1959), el famoso conjunto de música cubana formado en la ciudad de Matanzas en los años 20, con sus inolvidables vocalistas: Bienvenido Granda, Daniel Santos, Celia Cruz, Bobby Capó, Leo Marini, Celio González, Nelson Pinedo, Vicentico Valdés, Carmen Delia Dipini, Carlos Argentino, entre otros.

Están los boleros románticos de cantautores como: Agustín Lara, Armando Manzanero, el nicaragüense Hernaldo Zúñiga, Roberto Carlos; las interpretaciones de Pedro Vargas, Rocío Dúrcal, Lucero, Vicky Carr, Palito Ortega, Leo Dan, Nino Bravo, Julio Iglesias y Raphael. Y también las canciones rancheras de los cantautores José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel; las interpretaciones de Jorge Negrete, Pedro Infante, Lola Beltrán, Lucha Villa, Javier Solís y Vicente Fernández.

Y por supuesto, están los tangos inmortales interpretados por el rey del tango, Carlos Gardel (Carlitos), que ciertamente “cada día que pasa canta mejor”, así como las interpretaciones inolvidables de Julio María Sosa, Alberto Castillo, Roberto Goyeneche, Libertad Lamarque y Hugo del Carril, entre los que puedo recordar.

No puedo omitir las canciones con “olor y sabor” a nuestro terruño nicaragüense, creadas y/o interpretadas por Alejandro Vega Matus, Rafael Gastón Pérez, Tino López Guerra, Víctor M. Leiva, Justo Santos, Camilo Zapata, Otto de la Rocha, Erwin Krüger, José Isaac Carballo, Luis Méndez, Marina Cárdenas, Carlos y Luis Enrique Mejia Godoy, Norma Helena Gadea, y Katia y Salvador Cardenal.

Están algunas canciones en inglés y francés, interpretadas por Frank Sinatra, Andy Williams, Elvis Presley, Michael Jackson, Barbra Streisand, Charles Aznavour, Édith Piaf, y Mireille Mathieu (el Ruiseñor de Avignon); como también las canciones de cantautores famosos como Paul Anka y el cuarteto The Beatles, con los inigualables Paul MacCartney y John Lennon.

Pero de todas las canciones que me gustan, hay cinco que escucho reiteradamente: (1) “The impossible dream” (El sueño imposible), tema musical del film Man of La Mancha (1972), estelarizado por Peter O´Toole y Sophia Loren; (2) “As time goes by” (Conforme pasa el tiempo), tema de la inolvidable película Casablanca (1942), cuyos protagonistas principales fueron Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, canción que en esa película omitió expresamente la letra de la version original que hace referencia a la teoría de Einstein; (3) “My way” (A mi manera), en la version interpretada por Sinatra; (4) “Je ne regriette rien” (No, no lamento nada), interpretada por la inmortal Édith Piaf, el gorrión de París; (5) “Imagine” (Imagina), de John Lennon.

Sin embargo, “Imagine” es mi canción favorita. ¿Por qué razón? Porque además de la calidad musical, la letra de la canción es un verdadero himno a la paz y a la fraternidad universal, que refleja el pensamiento de Lennon altamente influenciado por las enseñanzas del budismo.

“Imagine” invita a imaginar y construir un mundo sin creencias ni tabúes que perturben a la gente; un mundo de todos y para todos, sin fronteras que separen artificialmente a los seres humanos; un mundo donde haya una verdadera hermandad y solidaridad entre la gente, que elimine el odio y la codicia provocados por el apego, donde este último es la causa fundamental del dolor, según Buda (Dharmapala), generador de desuniones, disputas y guerras, pero sobre todo, del hambre.

Una de las características principales del “yo” liberado de sus apegos –algo difícil de lograr– es la misericordia o el amor compasivo, que puede utilizar toda su energía en actuar con consideración por el bien ajeno, despojado de todo egoismo.

 

*Economista, MBA.