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Cada ideología, en la medida en que logra consolidarse, ya sea por la costumbre o por el imperio de la ley, va captando base social; así aparecen líderes ideológicos dispuestos a defender con las armas en la mano a los enemigos del orden imperante.

En el año 70 a. C., el Imperio Romano se vio enfrentado a una rebelión de esclavos, encabezados por el esclavo Espartaco. Este dirigió un ejército de 90 mil hombres. Su objetivo: alcanzar la añorada libertad, mas el político y general romano Marco Licinio Craso, al frente de sus legiones, logró derrotar a los insurrectos y miles de esclavos fueron condenados a morir crucificados, clavados en el camino de entrada a Roma.

La ideología feudal vino a sustituir a la ideología esclavista. Nos remontamos a la Edad Media, cuando los hombres en apariencia eran libres, siendo convertidos en siervos de la gleba, campesinos dominados por la servidumbre, obligados a trabajar bajo la protección de un señor feudal, ya que este tenía el señorío de la tierra; aquí es donde surge la nobleza, la monarquía, la clase aristócrata.

En aquel estadio, el dueño de la tierra era también dueño de las familias campesinas. Estas pagaban un tributo en especie por el uso de la tierra, prestaban servicio militar, solicitaban a su señor permiso para contraer matrimonio y de ningún modo tenían libertad para abandonar el estado de servidumbre a que estaban sometidos.

La ideología feudal duró varios siglos. En este período se presentaron insurrecciones campesinas con resultados trágicos en muertos, ya que los siervos de la gleba no soportaban las condiciones de expoliación y explotación, aun cuando tenían que entregar una buena parte de la cosecha al señor feudal. Asimismo, tenían que pagar con la producción el diezmo a la Iglesia, por lo cual las condiciones de miseria eran insoportables. Amén de esto, estaban los abusos del señor feudal; cada vez que había un matrimonio campesino, aquel tenía la prerrogativa de certificar de hecho si la novia era virgen. Una vez comprobado, luego se la pasaba al esposo.

La aristocracia se convirtió en ardiente defensora del feudalismo. Defendían a ultranza la monarquía, bajo el argüido de que el poder del rey era por voluntad de la divina providencia; aseveraban que solo Dios podía poner y quitar reyes, por ende todo aquel que atentaba contra el reino, o se rebelaba a la autoridad del soberano, caía en el delito de alta traición y por tanto merecía pagar su osadía con el suplicio físico y la pena de muerte en la plaza pública.

El enfrentamiento entre los que defendían la ideología feudal y los que luchaban por su abolición fue cruel y sangriento. En Europa, en el período que va del siglo XII al XVIII, fueron millones los que murieron en esa batalla ideológica. El símbolo más emblemático de ese enfrentamiento lo fue la revolución francesa de 1789, cuyo proceso vivió invasiones de los Estados monárquicos y a lo interno, se aplicó el régimen del terror, donde fueron guillotinados más de cuarenta mil franceses.

Sin embargo, el movimiento revolucionario que vivió el continente europeo en el siglo XVIII no eliminó de tajo la ideología feudal ni suprimió a la clase aristocrática, los resabios ideológicos perduraron por muchos años, en particular en España, nación donde dominaban las ideas clericales. Entonces no extraña que en la América del siglo XIX, los países coloniales del Sur, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, enfrentaran a sangre y fuego al imperio español, destacándose en esa lucha por la independencia el general argentino San Martín y el venezolano Simón Bolívar.

 

* Abogado y notario.