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En el panorama mundial de noticias, surcando —como explosivas estrellas radiantes— el espacio global analógico, asoman resplandecientes: Siria, Ucrania y, en nuestra región latinoamericana, Venezuela. Todas en común comparten un ingrediente principal que brota de diversas fuentes: violencia sazonada con suficientes libras de indignación popular. Más o menos, esa es la tónica esencial.

Siria, guiando su violenta escalada bélica a través del laberinto geopolítico del Medio Oriente, mientras Ucrania acusa un breve impasse político. Venezuela parece dirigirse hacia una imparable escalada de violencia callejera protagonizada por miles de estudiantes universitarios opositores al régimen de Nicolás Maduro, que la enfrenta con piquetes y manifestaciones oficialistas. Los motivos reales se entrelazan en una guerra de acusaciones mutuas que no disimulan la realidad caótica que viven los venezolanos.

Es ingenuo negar la injerencia norteamericana a través de organismos y agencias que se declaran promotores de la democracia, sin embargo, no se puede obviar la molestia antichavista por los niveles de delincuencia callejera, recurrente escasez de bienes básicos de consumo y limitado acceso a divisas. En un país con las más grandes reservas petroleras del planeta, cabe cuestionarse: ¿En serio se está ensañando el imperialismo yanqui con Venezuela? ¿Existe un bloqueo económico similar al de Cuba? ¿Qué justifica esta violencia?

En honor a la verdad, la base ideológica del régimen de Maduro proviene del marxismo de Castro, el cual no oculta ningún grado de injerencia política en lo social y económico. Solo basta con mirarse en el espejo de la realidad cubana: una nación escapando de un período especial —dependiente del petróleo venezolano— colgada del frágil cordel de la perenne crisis económica y política de sus pupilos ideológicos.

En contraste, Rusia, China, Vietnam modificaron su fundamental matriz ideológica. Resultados: independencia económica, elevados índices de desarrollo productivo, disminución ostensible de la pobreza, mejoría en calidad de vida, fluido intercambio de tecnologías y productos manufacturados.

A pesar de algunas fisuras en la oposición venezolana —representante del 50% del electorado—, los niveles de ejercicio democrático desarrollados a través de décadas —tras el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez— han permitido al ciudadano establecer firmes criterios ideológicos que simbolizan un serio obstáculo para el gobierno incluso desde la época de Chávez.

En Venezuela menos del 20% de la población vive en el campo. El predominio urbano ha incrementado las necesidades en las ciudades, por lo que el desabastecimiento crónico ocasionado por la expropiación de empresas, que reduce la capacidad industrial nacional, es permanente. Es el sistema, Maduro.

 

* Médico cirujano.