•  |
  •  |
  • END

PARÍS

¿Podría Europa ser un “Estado azul” demócrata y Asia un “Estado rojo” republicano?
Las elecciones presidenciales estadounidenses ofrecen una prueba casi perfecta para entender la diferencia entre los puntos de vista europeo y asiático, aunque los dos continentes disten de estar unidos internamente. Si uno quiere que Estados Unidos sea el líder mediante el ejemplo, estará a favor de Obama; si desea seguir teniendo la tranquilidad de que Estados Unidos seguirá utilizando su poder en un sentido tradicional tomando en cuenta la seguridad, entonces tal vez preferirá a John McCain.

Mientras que la mayoría de los europeos --salvo aquéllos a quienes por motivos históricos y geográficos les obsesiona el regreso del “oso ruso”-- apoyan a Obama, parece que gran parte de los asiáticos, sobre todo entre las elites, apoyan a McCain. Esta diferencia se explica, más que nada, por factores estratégicos, pero probablemente también contenga un aspecto cultural.

En Asia, es posible que Indonesia parezca “europea” en lo que respecta a su manía por Obama, pero eso esencialmente constituye una anomalía que se explica fácilmente por la breve formación educativa que recibió Obama en Indonesia. De otro modo, y debido a razones muy diferentes, la mayoría de las elites asiáticas ven la creciente posibilidad de una victoria de Obama con desconcierto e incluso con aprehensión.

Por ejemplo, las elites japonesas prefieren la continuidad que el cambio. Para ellos, el poder duro de los Estados Unidos es más importante que el poder blando, y su visión de ese país como uno que está “destinada a dirigir” casi no ha cambiado. Ellos perciben que los Estados Unidos son, por encima de todo, un contrapeso necesario para el equilibrio con China.

Los chinos, sin embargo, bien podrían preferir a McCain aunque por las razones opuestas. El deterioro de la imagen e influencia de los Estados Unidos en el mundo no molesta a los chinos. Como potencia líder de Asia, China le ha arrebatado el lema de la “esperanza” a los Estados Unidos. Los estadounidenses la podrían recuperar con Obama, pero no con McCain. ¿Para qué apoyar el cambio si la continuidad funciona tan bien?
Las elites indias llegan a la misma conclusión pero por otras razones. Se ve positivamente a la administración Bush porque coincide con la consolidación de la presencia internacional india y con el surgimiento de Estados Unidos como socio diplomático clave de Asia. En Singapur, las consideraciones ideológicas refuerzan los intereses estratégicos. Un régimen muy conservador prefiere de forma natural a un candidato republicano que a uno demócrata.

Pero más allá de las consideraciones estratégicas, se debe mencionar algo más (con prudencia). Es demasiado temprano para decir que “la carga del hombre amarillo” está a punto de sustituir a “la carga del hombre blanco” en la historia mundial. A los asiáticos les cuesta reconocer que el poder supone responsabilidades internacionales. Pero a los asiáticos que ya han más que alcanzado a Occidente puede resultarles difícil hacerse a la idea de que por primera vez en su historia es posible que los Estados Unidos no estén encabezados por un presidente blanco. ¿Cómo se puede uno definir ante Occidente, cuando Occidente ha cambiado su apariencia, sino es que su esencia, de manera tan dramática y visible?
En Europa ocurre lo contrario. La esencia compleja de Barak Obama es en definitiva una ventaja. Para los ex países coloniales, que no tienen un equivalente de Obama, apoyarlo plenamente es una especie de exorcismo, sino es que de redención. Una vez más Estados Unidos está abriendo el camino para lo que los europeos deberían poder lograr algún día con sus minorías: una tierra de sueños hecha realidad. En un sentido más clásico, la profundidad del sentimiento contra Bush en Europa explica la profundidad del sentimiento a favor de Obama y el relativo distanciamiento de los europeos de la candidatura de McCain.

Los europeos se han sentido oprimidos por la excesiva demostración de poder de los Estados Unidos. Preferirían que los Estados Unidos fueran más modestos en el exterior y más ambiciosos en casa. De hecho, en secreto están deseando que en estos difíciles tiempos económicos al menos parte de la “cultura de la esperanza” que encarna Obama llegara hasta ellos y los ayudara a cambiar para bien. No quieren que los Estados Unidos únicamente los protejan, sino que los transformen.

La percepción de que Obama puede cambiar la opinión que los Estados Unidos y Occidente tienen de sí mismos, es un factor importante en la brecha emocional que podría existir entre Asia y Europa en la víspera de las elecciones presidenciales estadounidenses. En este punto, Asia tiende a ser un continente de status quo, mientras que Europa es un continente revisionista. Para muchos europeos, la reinvención de los Estados Unidos es la última esperanza de Europa.

Es una esperanza noble pero también peligrosa, porque los sueños fácilmente pueden volverse pesadillas. Eso bien podría suceder si el próximo presidente de los Estados Unidos no logra remediar las amenazas financieras y económicas a que se enfrenta su país y, por lo tanto, el resto del mundo.


Dominique Moisi, fundador y asesor del Ifri (Instituto Francés de Relaciones Internacionales), actualmente es catedrático en el Colegio de Europa en Natolin, Varsovia.


Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org