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¿Cuántos desempleados hay en esta carrera? “¡Muchos!”. ¿Por qué? “Son diversas las causas”. ¿Cómo hacen para remediar su situación? “Solo Dios sabe”. ¿Por qué usted señor Rector no oferta la carrera de Relaciones Internacionales, Diplomacia o Ciencias Políticas?

“No me gusta producir desempleados”. Es sencillo, la sociedad y el Estado no han podido ni podrán en el futuro cercano remediarles su situación. La economía, el desarrollo del país y nuestra cultura política aún tienen mucho camino que recorrer, como para que universidades se estén dando el lujo de ofertar algo con pocas posibilidades de alcanzar una plaza laboral. Hay que enseñarles cosas prácticas, más técnicas, que le permitan encontrar trabajo con facilidad. Si no sos de apellido, estás arruinado.

Según otros, solo los mejores alumnos son los que logran encontrar un puesto de trabajo más o menos cercano en las ONG, embajadas y en las empresas privada, pues a estos sí les interesa examinar y seleccionar a quien contratarán. Como en todas partes, los buenos alumnos son pocos y son los dichosos. Bueno, por lo menos, esa debería ser la lógica.

La verdad no es así en la práctica. Jóvenes talentosos, disciplinados y esforzados sucumben también. Es increíble. Dos de esos mejores alumnos se graduaron “con honores” en una universidad costosa, con ayuda de una beca proporcional (descuento) que se les otorgaba y sé que con esfuerzo laboral de escasos ingresos lograron su meta profesional. Demostraron ser seres extraordinarios, vendiendo raspadita uno y otra vendiendo cajetas de coco y similares. Fueron la inspiración de su grupo y el orgullo de su graduación, pero al salir al mercado laboral, sintieron que estaban solos en una etapa nueva de su dura vida.

Una realidad amarga, con una senda pedregosa hasta donde se puede ver el horizonte. Me comentaba una de mis mejores alumnas recién iniciado el año y quien ha trabajado en diferentes empresas de todo tipo; desde gestora de trámites en la aduana hasta asistente de odontología: “Ahora que cerraron la última empresa estoy en la indefensión”.

“Mire profesor, a fulano o sutano, aquel y aquella, que solo pasaban haciendo cualquier cosa, menos estudiando, ya están trabajando. Aunque lo comprendo, me cuesta entenderlo. ¿No sé qué pueden hacer ahí? ¿Por qué hay irresponsables que los contratan o gente tan inconsciente con lo que debería ser justo? ¿Por qué no hay verdaderos filtros para que ingresen los más esforzados?”, me preguntó.

La sociedad es tan dura como la vida misma, no a todos y siempre le está sonriendo y más si no naciste con “conexiones”. “Eso es lo que he aprendido”, me confirma la joven con tono pesimista.

Para su consuelo, le conté la historia de un contingente enorme que la Revolución Sandinista había enviado a prepararse a los países socialistas y a nuestro regreso fuimos rechazados por el revanchismo político del gobierno de la presidente Violeta Barrios de Chamorro. Y no sólo con los de nuestra carrera, sino con todos aquellos que habían estudiado en la Europa socialista.

De unos cincuenta, enviados en aquel período, unos diez trabajan para el Estado en algo cercano a su preparación. Muchos se fueron al extranjero y ejercen su carrera allá. Otros se quedaron, tienen sus propias empresas, trabajan en ONG, embajadas, organismos internacionales y han incidido mucho en la preparación de los nuevos relacionistas en el país.

Y eso, que todos ellos iban bajo una visión de fortalecimiento al Estado, para superar a los “funcionarios de a la carrera” por “especialistas de carrera”. El camino lógico de toda sociedad que se desarrolla. Lógicamente han triunfado los primeros, no se les pudo superar. Parece que con el “conocimiento teórico científico”, adquirido en los centros de educación superior socialista, no eran lo suficiente para la administración Chamorro, Alemán y Bolaños.

La dificultad de empleo para “unos” en esta carrera, ha sido tan real como el hecho, que siempre los “otros” llegaran primero y subirán como la espuma. Pero al final, llegamos a la conclusión que lo importante no es eso, sino la perseverancia, la cultivación a diario en las universidades de profesionales en función de una verdadera demanda laboral.

 

*El autor es Relacionista Internacional.