Bayardo Altamirano
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Las luchas sociales en reclamo de ciudadanía participativa marcan el ocaso capitalista. El ejercicio pleno de los derechos de huelga, sindical, asociación política y acceso a una educación de calidad, sanidad y vivienda digna, acompañan las estructuras de dominio y explotación del capitalismo desde sus orígenes.

Las libertades públicas, el derecho de asociación, reunión y expresión han dejado de practicarse. Son secuestradas y puestas en cuarentena acusadas de servir a intereses que promueven la desestabilización y el caos. Cuando el capitalismo se ha sentido con fuerzas, no ha dudado en suprimir o restringir los derechos políticos que dan acceso a la participación de la sociedad.

Lo que altera sus planes es combatido haciendo uso indiscriminado de la represión y la fuerza. Bajo el eufemismo de actuar en nombre de la razón de Estado y la seguridad nacional, justifica la tortura y el asesinato político. Súmense los mecanismos ideológicos de control social utilizados en la socialización.

Concluyamos. No existe derecho político concedido de buen grado. Todos, ya sea en el campo de las relaciones laborales o las libertades públicas, el derecho a huelga, la jornada de trabajo, el descanso dominical, las pensiones, la seguridad social universal, el voto femenino, la autorización del aborto, marchan precedidos de mártires, encarcelados, torturados y asesinados.

Para las clases dominantes es desagradable compartir espacios concebidos como su coto privado. Escuelas y universidades han perdido el halo de exclusividad, enardeciendo a las élites que buscan una solución en oligarquizar el poder, la ostentación y el enriquecimiento obsceno.

Son nuevas plutocracias que no dudan en profundizar las desigualdades sociales y dinamitan la ciudadanía participativa, apostando por sociedades duales como fórmula para reestructurar el capitalismo en crisis. El desmantelamiento de lo público viene aparejado de una política de abandono de las instalaciones y bienes de uso colectivo.

Edificios, colegios, buses urbanos son privatizados y vendidos por migajas al capital financiero o las transnacionales. El capitalismo ha tirado por la borda el conjunto de derechos políticos, sociales y económicos conquistado por las trabajadoras en los últimos siglos, sobre los cuales asentaba su discurso de promover un orden social incluyente y democrático.

Desde 1970 se da la oleada neoliberal. Las transnacionales agarran el poder político cambiando las reglas de juego, alterando el equilibrio de poder entre orden político y orden económico. Restringe la ciudadanía participativa. Recorta al máximo los derechos sociales, económicos, culturales y políticos.

Sin ciudadanía participativa no hay ordenamiento democrático. Son términos entrelazados de manera orgánica. En la medida que los recortes, la represión y las desigualdades crecen, desaparecen las opciones de vivir en democracia, aumentándose el divorcio entre capitalismo y democracia.

 

*El autor es escritor.