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Ocurrió hace muy poco, cuando una empresa recibió una oferta de servicios escrita con serios problemas de ortografía. La oferta, aunque era la mejor desde el punto de vista de inversión, fue rechazada sin más explicaciones. Al solicitarse una razón, el argumento dado por la tomadora de decisiones fue terminante: “Si así escriben, así también debe ser la calidad de sus servicios”.

La decisión al principio se vio exagerada, no obstante, encierra una verdad. A pesar que el mundo evoluciona en forma vertiginosa, no dejan de ser cierto que todo lo que uno hace, tiene una marca personal.

Hoy escribir correctamente se ha vuelto una habilidad en vías de extinción ante el inexorable atropellamiento del idioma, la degradación de la comunicación escrita, incluso la verbal. Sigue siendo cierto que la atención a los detalles, encierra las claves de un servicio o artículo exitoso y que la imagen percibida en la escritura y la comunicación verbal, aún siguen siendo un factor decisivo en el mundo de los negocios.

Algunas empresas que interactúan con clientes de alto nivel, por ejemplo; compañías auditoras, consultoras, bancos, ventas técnicas, entre otras, poseen en su plantilla alguien encargado de hacer una revisión de la ortografía y redacción de las comunicaciones que llegan a mano de esos clientes especiales, los cuales, al identificar certeramente errores garrafales, repensarán su decisión de contratar o, en forma definitiva y anticipada, cancelarán la contratación de un prospecto de servicio o artículo.

Esto no es para menos. Empresas que se distinguen por sus resultados extraordinarios, enfatizan o administran agresivamente estos tópicos como fundamentales, debido a que pequeñas fallas en la imagen pueden tener altísimas consecuencias adversas. Hoy se vive una época en que sigue siendo difícil adquirir una imagen, pero se ha vuelto increíblemente fácil perderla; se debe sobre todo al poder de las comunicaciones globales.

Algunas personas con baja conciencia de la importancia de los detalles, típicamente soslayan el tema diciendo “¿pero se entiende, no?”. Esto es absurdo, porque no son ellas las que llevarán al final el daño a su reputación personal, sino un grave perjuicio a la percepción que tiene el cliente de la organización entera, ya que este no diferencia más que un conjunto.

Hoy que se vive la era del “¿ké kería?”, de la reducción de la comunicación a vocablos ininteligibles o a signos crípticos de moda. Pensar que estas aberraciones se pueden llevar impunemente al plano de la comunicación de negocios, es un error garrafal, un aspecto que debe ser monitoreado por cualquier organización para detectar tempranamente daños que pueden ser irreversibles en la relación con los clientes.

Una compañía de auditores muy exitosa en un país vecino efectúa un muestreo semanal sobre las comunicaciones de negocios generadas por su personal, para detectar “gaffes” de ortografía y redacción; estos dos conceptos son un factor del más alto nivel crítico para sus resultados. Incluso va más allá, estableció reglas cardinales: ninguna comunicación escrita –por mínima que sea– debe ser pasada previamente por el corrector de palabras.

El personal que vaya a ser seleccionado para trabajar en un área crítica de interacción con los clientes, debe ser filtrado a traves de un proceso de selección en el cual se enfatice, al menos, el factor ortografía. No me voy a referir a redacción porque sería demasiado; ambas habilidades son ahora altamente escasas debido a la pésima “de-formación básica” y a la degradación del lenguaje correcto por las comunicaciones vía texto celular.

Se debe hacer pruebas de ortografía a la persona que vaya a ser contratada para una posición clave, porque es un factor crítico que refleja el ritual de perfección en todo lo que hace una empresa. Nunca el azar o la casualidad han dado mejores resultados que el manejo correcto de todos los detalles.

 

*www.cambioculturalconsultores.net