Augusto Zamora R.*
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Como era previsible, algunos lectores han calificado la homosexualidad como “perversión”, conducta “antinatural” y, en fin, que su aceptación pondría en peligro la supervivencia de la especie humana.

Poca innovación tienen estos conservadores. Vienen repitiendo lo mismo desde hace siglos, con olvido de los siglos durante los cuales la homosexualidad era algo natural.

En la Grecia clásica hacía parte de lo cotidiano. Personajes célebres como Aristóteles o Alejandro Magno la practicaron. La Ilíada narra la ira de Aquiles tras la muerte, a manos troyanas, de su amado Patroclo. La cultura griega floreció con esos valores.

De Julio César se decía que “era el marido de todas la mujeres y la mujer de todos los maridos”. En la Roma Imperial formaba, también, parte de lo cotidiano.

La Inquisición y los nazis destacaron en la persecución de homosexuales. Dentro de sus filas nació la concepción de que esa orientación sexual era “perversa” y “contra natura”. Inquisición y nazis no son, precisamente, las mejores compañías.

Pseudocientíficos la trataron como enfermedad y recetaban electrochoques, baños de hielo y otras torturas para “curarla”. El desarrollo de la ciencia desacreditó la barbarie.

Estudios psicológicos indican que hay, de media, 8% de personas con impotencia total o parcial, 5% que padece eyaculación precoz y cantidades similares de misoginia y frigidez. Poco más del 50% de personas tendría una vida sexual “normal”. ¿Normal?

¿Pervertidos de verdad? Busquen a pederastas y pedófilos (no pocos con sotana). Acertarán en la diana.

 

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