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“Bienaventurados los de limpio corazón,

porque ellos verán a Dios”. Mateo 5:8

 

Dios no es menos Dios, porque no se ocupa de la humanidad. Sin embargo, hay quienes aducen que un hombre no es menos humano al no ocuparse de las hormigas: una analogía inteligente pero inexacta. Sí lo hace, solo que el libre albedrío nos permite acercarnos o guardar distancia de Él.

¿Es el hombre malvado, o en esencia es incorruptible? ¿Serán condenados los que no son cristianos? Según Erich Fromm, en su obra El corazón del hombre: “el Antiguo Testamento no toma la posición fundamental de la corrupción del hombre”. Descarta que la desobediencia de Adán y Eva sea el pecado, desvaneciendo todo indicio de corrupción, emanado de un acto rebelde. Incluso, asume que ese hecho fue el primer paso del hombre hacia la libertad.

Estaba en el plan de Dios. Los seres humanos transitan hacia su propia historia, desarrollando sus potencialidades hasta alcanzar una nueva armonía entre naturaleza y su idiosincrasia. Los problemas aparecen cuando el hombre hace el mal, endureciendo su corazón hasta un punto en que no es posible cambio ni arrepentimiento. Esto deja un libre albedrío entredicho. Durante el Renacimiento e Ilustración, se sostenía que toda la maldad humana era el resultado de las circunstancias.

La creencia en la bondad del hombre resultó en la confianza del hombre en sí mismo. Esta idea coloreó el pensamiento de Marx: “Cámbiense las circunstancias que producen el mal y se manifestará automáticamente la bondad original del hombre”. Craso error histórico: Hitler, Stalin, Hiroshima y Nagasaki se encargaron de desmentirlo al manifestarse la predisposición del hombre al mal.

Predomina en ciertos librepensadores un falaz concepto: las guerras son consecuencia primordial de fuerzas psicológicas emanadas de arcaicos pensamientos religiosos –cruzadas, inquisición, terrorismo islámico– que carcomen la mente humana.

Lo cierto es que ese atributo obedece a la decisión de líderes políticos, militares y empresarios para adquirir territorio, recursos naturales, ventajas comerciales e implantación de ideologías políticas: hombres ordinarios con poder extraordinario induciendo la crueldad. Simples asesinos y ladrones disfrazados de grandes ideales.

Generan pasiones en el corazón humano para hacer la guerra: odio, indignación, destrucción y miedo inoculados para hacer que millones de hombres arriesguen su vida, convirtiéndose en asesinos. Milgram demostró que los nazis “razonaron”: solo obedecíamos órdenes.

En el plano espiritual cristiano, existen billones de variables afectando la interacción de Dios porque nuestra perspectiva es muy limitada. Lutero lo llamó “la mano izquierda de Dios” asociada a la venganza e ira divinas, ordenadas en el Antiguo Testamento. Para el incrédulo, una razón discutible: alejar al pueblo hebreo de tribus idolatras y sanguinarias.

Einstein afirmó que la oscuridad es la falta de luz. La ausencia del bien permite la presencia del mal en el corazón del individuo y un corazón que agrada a Dios es un espíritu con entendimiento. En realidad, la desobediencia del hombre generó el pecado que pervirtió su naturaleza y nos apartó de Dios, esclavizándonos a lo inicuo sin escape.

Solo la gracia de Dios con la muerte de Cristo puede extinguir la descomposición humana, salvando a quienes lo reconocen como salvador. Quienes lo ignoran serán juzgados según la pureza de su corazón, la luz de la verdad y fe que tuvieron implícita. ¿Noé, Job, necesitan la salvación como cualquier budista o musulmán? Nadie será condenado por accidente. El corazón de Dios es justo.

 

*Médico Cirujano.