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No está de más, en los tiempos que vive Nicaragua, recordar lo ocurrido entre el gran escritor y filósofo Miguel de Unamuno, Rector de la Universidad de Salamanca, y el general franquista Millán Astray. Transcribo el relato:
“En un acto público en la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, luego de un fogoso discurso del general franquista Millán Astray, en el que atacó a las provincias vasca y catalana como “cánceres en el cuerpo de la nación”, sus partidarios vocearon su slogan favorito “Viva la muerte”. El ilustre rector de la Universidad, el escritor Miguel de Unamuno, formuló una réplica que pasaría a la historia: “Acabo de oír un grito necrófilo y carente de sentido: ‘Viva la muerte’. Y yo, que me pasé la vida forjando paradojas que han provocado la ira de otros, debo deciros, como experto en el tema, que esta aberrante paradoja me resulta repulsiva. El general Millán Astray es un lisiado, lo digo sin el menor sentido despectivo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Lamentablemente hay demasiados lisiados en España ahora. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray deba dictar los criterios para una psicología de masas. Un inválido que carece de la grandeza de Cervantes busca un ominoso alivio causando mutilaciones a su alrededor.”

En este momento, Millán Astray fue incapaz de contenerse y gritó: “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!” Hubo un clamor de aceptación a estas palabras entre los falangistas, pero Unamuno continuó: “Éste es el templo del intelecto y yo soy su gran sacerdote. Son ustedes los que profanan su sagrado recinto. Ustedes vencerán porque poseen fuerza bruta en abundancia. Pero no convencerán. Porque para convencer es necesario persuadir. Y para persuadir es necesario tener algo de lo que ustedes carecen: razón y derecho en esta lucha. Considero fútil exhortarles a pensar en España. He dicho.”

Desde finales de los años 80, y quizá desde antes, la inteligencia era ya declarada enemiga de Daniel Ortega. Recuerdo una ocasión en la que un grupo de intelectuales sufrimos una encerrona de varias horas en la secretaría del FSLN, al final de la forzada reunión, Ortega declaró muy seguro de sí mismo: “En todas las revoluciones, los intelectuales son los primeros en abandonar el barco”. Y es que ya desde entonces se creía dueño de lo que es y debe ser “la revolución”.

Ya desde la última campaña electoral, pero sobre todo desde la toma de posesión del actual gobierno, los intelectuales hemos sido grosera y abiertamente declarados “enemigos de la revolución”. Orlando Núñez --pese a ser él mismo un intelectual que a veces se atrevió a ser independiente-- afirmó, en un documento que circuló de forma masiva, que “los enemigos de la revolución” son “los intelectuales, los medios de comunicación y las ONG”.

Esto resulta un verdadero insulto a quienes son incondicionales de los gobernantes, pues según las afirmaciones antes dichas, para ser dignos seguidores tendrían que ser ignorantes, carentes de razón y de principios.

La reciente invasión a la UCA, la persecución a medios de comunicación, la vergonzosa campaña contra destacados intelectuales, sumada a la represión, los garrotazos, amenazas e intimidaciones, hacen pensar que si no reaccionamos a tiempo, pronto podríamos oír el grito del fascista general Millán: ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!