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En distintas conversaciones con estudiosos e interesados en escribir la historia contemporánea de Nicaragua, hemos exteriorizado la necesidad de hacer uso de técnicas y métodos científicos, que nos permitan una explicación más objetiva de los procesos históricos y no caer en análisis, maniqueos; más interesados en crear estado de opinión circunstanciales, que en aclarar objetivamente los hechos. En un trabajo que denominamos “El otro lado de la historia” referente a las luchas que se dieron contra la dictadura somocista, propusimos una alternativa, para dar una explicación serena y equilibrada de los acontecimientos, sin caer en la burda detracción, ni en la exacerbada apología.

Estas reflexiones son válidas, para comprender la obra: “Carlos Fonseca sacrificado”, de Jesús Miguel (Chuno) Blandón. El autor, aunque integra gran cantidad de datos, sobre la proyección de Fonseca y otros héroes del FSLN, además de carecer de un ordenamiento cronológico y de pruebas contundentes, adolece de un marco referencial para sustentar sus hipótesis. No obstante, no se deben de considerar como inválidos estos esfuerzos reconstructivos, en tanto apuntan a llenar un vacío de información sobre la historia reciente del país, la que por su naturaleza tiende a ser tan polémica. Con todo el respeto que merece la posición del autor, desde nuestra perspectiva profesional, consideramos necesario hacer los siguientes señalamientos.

1-En toda organización naciente, se presentan contradicciones en contenido, estilo y formas, entre los principales gestores de la misma. El surgimiento del FSLN, entre 1961 y 1963, no fue una excepción de las reglas que nos traza la dialéctica; el analista debe guardar la serenidad que da el paso del tiempo, desprenderse de pasiones y explicar con objetividad y sin sesgos, las distintas situaciones que analiza en determinado tiempo histórico. Al momento de abordar el problema de los liderazgos, Blandón pasa de largo situaciones muy particulares, fáciles de comprobar en la documentación oral y escrita, algunas de las cuales son citadas por él mismo (pp. 40-43 y 86).

2- Noel Guerrero tenía un liderazgo propio y ganado dentro del contingente inicial, de lo que sería el Frente de Liberación Nacional (FLN), no solo por la cultura general y experiencia política ostentada; debe de recordarse, además, que fue el mismo Guerrero quien atendió políticamente a la célula marxista en la Universidad, por parte del Partido Socialista Nicaragüense (PSN). Finalmente tenía ascendencia familiar (política), sobre dos, de los tres principales integrantes de esta célula: Silvio Mayorga y Tomás Borge. Guerrero –en coincidencia con los mencionados–, Carlos Fonseca, Rodolfo Romero y otros rompen con el PSN, y pasaron a la constitución de otra alternativa revolucionaria.

3-Paralelo a este desprendimiento e intentos organizativos, surgieron otros movimientos de corta o relativa duración. Entre el Frente Revolucionario Sandino (FRS), encabezado por los hermanos Martínez Sáenz, quienes a pesar de su audacia y valentía como combatientes, no llegaron a asimilar el pensamiento revolucionario en toda su dimensión.

4-En lo interno del FLN aunque todos coincidían, en la necesidad de impulsar la lucha armada, hubo dos posiciones: una encabezada por Guerrero, quien enarbolaba la lucha guerrillera, siguiendo el modelo de los frentes de liberación contemporáneos; la de Carlos Fonseca, quien sostuvo que había que buscar un elemento de cohesión entre las teorías científicas de la revolución y la tradición de lucha a lo interno del país, en este caso la figura de Sandino y su propuesta revolucionaria, en los años treinta. Que Guerrero y demás integrantes no hayan comprendido esta perspectiva, no constituye ningún crimen. No se trata de una lucha entre elegidos y malsanos fariseos, sino que fueron las circunstancias, que tenía que pasar, una nueva alternativa revolucionaria y esta no iba a definirse claramente de un momento a otro, sino a través de toda una experiencia.

5- El envío de Carlos al interior de Nicaragua, al contrario de lo que especula el autor, sirvió para consolidar su liderazgo en el proceso de reorganización de las células urbanas, en el territorio. Por otro lado, en esta labor y en estos escenarios corre menos riesgos físicos, porque la actividad represiva se acentúa contra la columna guerrillera de Raití-Bocay, que fue donde se produjo la pérdida de valiosos cuadros, como Jorge Navarro y Francisco Buitrago. Posteriormente, con el retiro de Guerrero en 1964, tras la desmovilización del contingente de Raití-Bocay, se fortaleció la posición y el liderazgo de Carlos Fonseca y se pudo colocar la “S” de Sandino y configurar la propuesta del FSLN.

 

*Historiador y escritor.