Jorge Eduardo Arellano
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El tema es viejo, pero cobra fuerza. En todos los procesos electorales se fabrican leyendas y circulan “cuechos” de todo tipo y que a algunos ingenuos le quitan el sueño. Tarde o temprano hacen daño. Usted los escucha en la televisión y en la radio, los lee en los diarios, y circulan de barrio en barrio, hasta que recorren el país, corregidos y aumentados, dependiendo del talento del periodista o de la imaginación del candidato.

La mayoría de estas leyendas o “cuechos” no llegan a ser noticias. Pero de tanto que las repiten, la gente se las cree, sembrando dudas en el proceso electoral y metiendo ruidos disonantes en una fiesta que es cívica y patriótica, ajena a toda violencia.

No hay duda de que para muchos Medios de Comunicación, las elecciones son una oportunidad de oro para aumentar sus ganancias. Y qué mejor manera de hacerlo que capitalizando toda una serie de suspicacias normales que existen en este proceso para convertir la elección en una telenovela urbana de gran audiencia, con varios capítulos en los que abundan la leyenda roja y el “cuecho” citadino, de barrio o de cuartería.

¿Por qué son leyendas y “cuechos”? Sencillo. Porque son hechos ficticios no comprobados y porque salen de la imaginación de un político o de alguien irresponsable que desea que las elecciones estén salpicadas de dudas. En la mayoría de casos, quienes las fabrican son aquellos candidatos que sienten que no serán favorecidos con el resultado electoral. Como no pueden inventar los votos, las inventan. Y necesitan escoger un villano, y qué mejor selección --ante la ausencia de votos-- que el tribunal electoral.

Pero hablemos de las leyendas. Una que siempre circula en el ambiente es que boletas llegan marcadas o manchadas a ciertas mesas, para que sean contadas como votos nulos. Si así fuera, los fiscales detectarían esa irregularidad desde que se está empacando la maleta electoral. En el Consejo Supremo Electoral (CSE) no ha ocurrido este tipo de irregularidades. Otra leyenda es que los lapiceros que vienen en las maletas auxiliares para que el votante marque la boleta tienen una tinta débil, y por lo tanto se podría borrar con facilidad la equis de los votantes. Falso. Esto también es detectable en el almacén. Otra leyenda un poco más cinematográfica es que la comida que se les lleva a determinados miembros de las Juntas Receptoras de Votos el día de la elección llega intoxicada, provocando que algunos de éstos abandonen el conteo, lo que aprovecha uno de los partidos en contienda para ajustar los votos. Me parece una buena táctica de Misión Imposible.

Lo más risible de estas leyendas es que algunos Medios de Comunicación se las creen e irresponsablemente las publican para vender, con el ánimo de que los votantes pierdan la credibilidad en el proceso electoral. Sin embargo, en un país como el nuestro, la mentira, adornada con cierto folklorismo, llega a ser aceptada por una parte de la población. Y se vuelve parte de nuestra cultura.

La otra vez, almorzando en un lugar muy familiar, una señora me preguntó, en broma y en serio, que si es cierto que ya estaban “contados los votos”. Le pregunté por qué pensaba eso, y ella me respondió con esa ironía que le caracteriza: “Es que ahora siento esta elección tan perfecta que me da miedo”. Pensé: “La verdad es que no se le halla el acomodo a la gente”. Si el CSE cumple en tiempo y en forma con el calendario electoral, es sospechoso. Y si no cumple en tiempo y forma, más sospechoso aún. No podemos hacer nada contra la leyenda y la tradición.

También hay gente que me pregunta en la calle: ¿es delito electoral que alguien llegue en un carro rojo y con camiseta roja a votar?, o ¿es delito que alguien llegue con pantalón negro y calcetines rojos a la Junta Receptora de Votos? La respuesta es no, pero la pregunta en sí misma es absurda y forma parte de esas leyendas que están en proceso de formación. Hay personas que le buscan tres pies al gato teniendo cuatro. El colmo es creer que es delito que alguien te quede viendo de mal modo en la Junta Receptora de Votos.

Sin embargo, me pregunto: ¿Qué dijeron algunos Medios de Comunicación del desastre que ocurrió en las elecciones de 1996, cuando miles de boletas electorales aparecieron en los cauces de los barrios de Managua? Esto no fue ninguna leyenda electoral ni ningún “cuecho”. Fue una pesadilla. Trascendió toda versión periodística, nunca había ocurrido en la reciente historia electoral, una catástrofe de este tipo. Miles de boletas fuera de las urnas, reformas aprobadas a la Ley Electoral el propio día de la elección, para favorecer al esposo de la entonces presidenta del Consejo Supremo Electoral, Rosa Zelaya. Dada la magnitud de este desastre, en cualquier país que se precia de tener un sistema democrático, llámese Costa Rica, España, China o los propios Estados Unidos de Norteamérica, hubieran anulado esa elección. Pero nadie dijo nada. Todos se hicieron de la vista gorda. Los observadores y los famosos líderes de opinión callaron. Es más, algunos hasta pretendieron que se quedara como una leyenda electoral, un “cuecho” de la historia. Afortunadamente, el desastre fue tan grande que ha quedado en la memoria de los nicaragüenses.

Creo que más allá de las suspicacias y de las leyendas y “cuechos” que se tejen en la calle contra este proceso, los nicaragüenses debemos darle un voto de confianza a la institución electoral. Se lo merece. Ha realizado seis elecciones de todo tipo y nadie los ha podido acusar de fraude. Ni los observadores electorales ni los partidos políticos que han participado en los comicios anteriores. Este próximo nueve de noviembre, los nicaragüenses vamos a elegir a nuestros gobiernos locales. Ése es el mandato de esta elección. Elegir alcaldes y concejales. Y serán electos los que tengan más votos, no los que tengan más tapas. La maquinaria del CSE está lista para derrotar otra vez las leyendas y los “cuechos” electorales.

felixnavarrete_23@yahoo.com