Jorge Eduardo Arellano
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A raíz de la decisión del MRS de llamar a votar en las próximas elecciones municipales, y votar contra los candidatos del Orteguismo, en algunas ocasiones he sido entrevistado a partir de preguntas que se derivan de ciertos mitos que quisiera aclarar.

Una periodista me preguntó por qué estábamos llamando a votar por los enemigos de la revolución. Esta pregunta, como lo ha señalado Carlos F. Chamorro, supone que en Nicaragua hay una revolución. Nada más falso. Con el gobierno de Ortega lo que hay es una regresión a las peores formas de gobierno dictatorial, familiar y hasta con pretensiones dinásticas. Aquí, digámoslo claro, no hay un conflicto entre revolución y contrarrevolución, sino entre dictadura y democracia.

En otra ocasión, un periodista me preguntó porqué estábamos apoyando a los candidatos del gran capital. Bueno, le contesté con ironía, en ese caso estaríamos apoyando a Bayardo Arce y a algunos otros grandes capitalistas que han crecido bajo las amplias sombras del Orteguismo. Pero más allá de la ironía, pensar que en el Orteguismo están los pobres y en al anti-orteguismo los ricos, sería asumir que todos los pobres que hay en Nicaragua apoyan a Ortega, caso en el cual tendría el apoyo del 65% de los nicaragüenses, que son pobres, siendo que su apoyo escasamente pasa del 30%, y ahí hay también empresarios, profesionales, burócratas y estudiantes universitarios. Nada de pobres, por cierto. Y caso contrario sería asumir que más del 60% de la población que se opone a Ortega es gente rica, caso en el cual estaríamos entre los países más desarrollados y ricos del mundo. La más meridiana verdad es que hay más pobres en el anti-orteguismo, que en el Orteguismo. En Nicaragua, entonces, no hay un conflicto entre ricos y pobres, sino, otra vez, entre dictadura y democracia.

Un tercer mito es creer que aquí hay un conflicto entre izquierda y derecha. Esto es asumir que Ortega sigue siendo de izquierda. Daniel Ortega no es más de izquierda, Daniel Ortega es Orteguista. Punto. Si fuese de izquierda, y siguiendo la línea de distinción entre derecha e izquierda que estableció el pensador italiano Norberto Bobbio, sería demócrata y protegería las libertades de los ciudadanos, entre ellas la libertad de expresión; pero es un dictador que está eliminando las libertades políticas democráticas. Si Ortega fuese de izquierda, le importarían los pobres; pero más allá de los rótulos y discursos, después de 2 años de gobierno de Ortega, tenemos más pobres. Si Ortega fuese de izquierda, evitaría conflictos cuyos mayores costos los pagan los pobres, pero siempre anda buscando en qué conflictos meter a Nicaragua. Si Ortega fuese de izquierda, protegería los derechos de las mujeres, pero en cambio los limita y cercena. Si Ortega fuese de izquierda, apoyaría a las organizaciones de la sociedad civil, cuando en cambio las persigue y hostiliza.

Adicionalmente, y no tanto mito como falsificación de la realidad, está la afirmación de que votar contra Ortega es votar por el pacto corrupto y autoritario. En primer lugar, la deriva inmediata de ese pacto es la reforma constitucional que Ortega anda buscando para perpetuarse en el poder. Si Ortega gana las elecciones municipales, las posibilidades de llevar adelante esas reformas constitucionales serán mayores. Él podrá reclamar que su accionar antidemocrático ha sido legitimado en las urnas electorales. Derrotar a Ortega, por tanto, es derrotar la parte más siniestra de ese pacto. En segundo lugar, una derrota de Ortega fortalecerá la fuerza política de la inmensa mayoría de liberales que se oponen al pacto suscrito por su caudillo, Arnoldo Alemán.

Finalmente, jamás debe olvidarse que el MRS tomó su decisión unilateralmente, por el principio fundamental de combatir el mayor peligro: la consolidación del régimen autoritario de Ortega. Y el MRS no ha pedido a cambio ni un cargo, ni una prebenda, ni ninguna clase de beneficio. Es una decisión de incuestionable autoridad moral y política. Y con todos los candidatos a quienes se ha endosado, se han suscrito compromisos públicos con la transparencia y eficacia de la gestión municipal y, sobre todo, una firme oposición al Ortega-Alemán.


Ésa es la verdad, que nadie puede negar, como no se puede tapar el sol con un dedo.