Jorge Eduardo Arellano
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Merece la pena extraer de los registros de la historia la frase que acuñó Pedro Joaquín Chamorro en las elecciones de 1976: “No hay por quien votar”. Una vez más, el mártir de las libertades públicas sacaba de su pluma lo que le dictaban su corazón y su razón.

¿Se equivocó Pedro Joaquín? Él llegó a la conclusión de que los partidos tradicionales de entonces encarnaban un sistema oprobioso, arbitrario y corrupto. Fueron necesarias organizaciones creíbles para capitalizar el descontento. Así se consolidó el FSLN como vanguardia y opción político - militar de aquel gran consenso nacional que derrocó no a un partido, sino a todo un sistema.

Pasadas tres décadas, el sistema parece no haber fenecido y ahora estamos ante un contexto complejo, de mucho riesgo, en un escenario electoral en el que subyacen algunas premisas. La más manifiesta de éstas es que se ha llamado a votar contra el FSLN de Ortega, es decir a favor del PLC de Alemán, para restarle poder a la dictadura en ciernes. ¿No se está oxigenando a uno de los socios del pacto? ¿Se estará esfumando la posibilidad de encabezar una oposición coherente, creíble y digna?
Me resisto a creer que la opción a escoger es, de nuevo, entre dos males el menor. ¿Pero, cuál mal menor? Ambos son iguales. Sólo con la confabulación de los dos se ha podido sostener esa estructural y perversa patología social que tiene postrado al país (deterioro institucional, estancamiento económico, enormes desigualdades, etc.). Males que, por cierto, son de vieja data y cada vez más dolorosos.

Otra de las premisas de la contienda municipal es que dado el autoritarismo de Ortega hay que volver la vista hacia los intereses nacionales, lo que para algunos significa renunciar a la posibilidad de escoger a buenos candidatos, programas o alternativas municipales viables, independientemente de los partidos; camino en el que creen algunos hasta por simpatías personales. Si se trata de privilegiar intereses nacionales, sería válido decir que ésta es la gran oportunidad de mirar más allá de la recurrente farsa del voto útil, del “ni modo” o “peor es nada” y llamar a rechazar el sistema y no sólo a uno de los partidos o caudillos.

Ya que se esgrimen intereses nacionales, no es menos loable concluir que es incoherente y lamentable la decisión que adoptó gran parte de la Alianza MRS al llamar a votar contra Ortega. Votar de esa manera es apostar a Ortega, es legitimar las elecciones y el sistema político que se dice combatir. ¿Por qué se invita a participar en un juego en el que te eliminan de entrada y del que ya se sabe su resultado? ¿Por deporte?
El partido MRS debió decidirse por el verdadero mal menor, enarbolar la grita de Pedro Joaquín asumiendo los costos que ello implica. Ésta era la posición coherente. Es que no se puede ir por ahí buscando justificaciones para aparecer en una elección en la convergencia del FSLN y en otra en el PLC. ¿Cómo se puede construir coherencia política e identidad de partido de esta manera? Es ahí cuando la gente no cree en nadie y decide hacer lo que se le venga en gana. Con esto quiero dejar claro que no comparto la decisión del partido que contribuí a fundar, pero la respeto. Por lo que hace a la consideración y estima personal hacia la dirigencia de la Alianza, la mantengo intacta.

Dada estas razones, igual respeto merece la convicción de aquellos que en su carácter personal consideran que no se debe polarizar ni ideologizar el voto y se oponen a que sus municipios queden a merced de los liderazgos nacionales. Si insistimos en hablar de democracia, no hay lugar para vetar el apoyo a ciertas candidaturas a Alcaldes o Concejales o a votar cruzado para dividir el poder, sobre todo porque se ha cercenado el derecho a elegir obligando a escoger entre uno y otro. ¿Pero de dónde tanta autoridad moral para descalificar el libérrimo derecho a votar en determinado sentido? ¿Vendrá del circo de la politiquería que a diario vemos? O sea, tras cuernos palos.

En cuanto al derecho a la abstención, hay mucho en la doctrina política y en el constitucionalismo contemporáneo. Significado aparte, la abstención es un instrumento clave de deslegitimación política que, en sistemas con crisis estructurales, facilita escenarios de protesta y genera expectativas crecientes por procesos de cambio social.

Si de libertades se trata, qué fundamentos se tienen para cuestionar la determinación de Henry Ruiz y el Rescate del Sandinismo de votar nulo o por qué censurar la decisión de aquellos que se abstendrán de votar. Yo me inscribo en esta última alternativa porque la ausencia de participación me parece una posición más clara para deslegitimar el actual proceso electoral y el sistema. ¿O es que acaso legitimaron o beneficiaron a la dictadura o eran somocistas los nicaragüenses que, haciendo eco del grito de Pedro Joaquín Chamorro, no acudieron a las urnas en 1976?
Ojalá que la enorme pena que pesa sobre Nicaragua la enfrentemos después de estas elecciones fundamentados en premisas distintas a las que nos desunen.


*Profesor de la UNAN-León
jarguetaj@hotmail.com