Jorge Eduardo Arellano
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Fea, muy fea y de mal gusto resulta la reciente alianza entre los dirigentes del Movimiento de ex-Renovación ex-Sandinista y Eduardo Montealegre, banquero corrupto candidato a alcalde de Managua por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC); partido dirigido por el caudillo no menos corrupto y reo, Arnoldo Alemán Lacayo.

Si el MRS se quejó de malas intenciones institucionales y partidarias para bloquearle su participación en estas elecciones municipales de 2008 y anularlos como fuerza política, ¿cuál podría ser su queja actual? Dos errores fundamentales cometió el MRS: primero, separarse de la Convergencia Nacional, después llamada Alianza Unida Nicaragua Triunfa, encabezada por el FSLN, después de haber obtenido algunas alcaldías y múltiples concejalías en las elecciones de 2004. Segundo, anular sus juntas directivas departamentales y municipales cuando faltaban menos de dos años para las actuales elecciones locales. De los errores cometidos, ninguno parece tan feo y tan grave como el último: destaparse totalmente como aliados de los capitalistas corruptos; sacar la casa por la ventana apoyando abiertamente a políticos procaces; salirse del ropero para llamar a votar por la ultraderecha y el neosomocismo liberal. ¿Quiénes son los que izan banderas desteñidas? Se quitaron las máscaras; olvidaron sus tambores combativos; dejaron de danzar su baile de máscaras; dijeron su adiós definitivo a la muchachada revolucionaria; está perdida y traicionada su revolución; y le dieron el tiro de gracia y la última palada de tierra a la lucha de clases. Ellos, desideologizados y sin paradigmas.

El MRS que criticó el pacto del FSLN con el PLC; los que atacaron el caudillismo y el mesianismo; los mismos que se opusieron a que el principal partido de la izquierda nicaragüense firmara acuerdos con el mayor partido político de la derecha; los autollamados renovadores que criticaron la corrupción de los banqueros y exigían que el Estado no pagara los 500 millones de dólares robados a todos los nicaragüenses por manos con guantes de seda, como las de Montealegre; ellos mismos que no fueron capaces de aceptar la validez del liderazgo del comandante Daniel Ortega Saavedra, encabezando los triunfos político-electorales del sandinismo; pero ahora son capaces de aliarse en un verdadero kupia-kumi con un bank-gángster y el ex–presidente más corrupto de Nicaragua en los últimos 29 años. Ellos, los ex–renovadores, ex–sandinistas.

Dora María Téllez, Hugo Tórrez Jiménez, Víctor Hugo Tinoco, Enrique Sáenz y Edmundo Jarquín han renunciado definitivamente a los ideales sandinistas; se han hecho un harakiri político; firmaron su sentencia de muerte política; han cerrado con un broche de lodo. Únicamente les falta decir que las investigaciones de la Fiscalía sobre el caso de los ceni son acciones políticas contra Montealegre y que éste debe ser exonerado de responsabilidad. Dicen ellos que respaldan a la persona y no al interés económico e ideológico del banquero. Sin embargo, votar y llamar a votar por un banquero en estos tiempos en que los banqueros son llamados bank-gángsters es como llamar a votar por los banqueros que han causado la gran crisis financiera en Estados Unidos. En ese país no hay nadie más desprestigiado que un banquero, por especulador, estafador y saqueador. Actualmente, un banquero no podría ni siquiera soñar que recibiría el voto del pueblo de Washington o New York para ser alcalde. Pero en Managua, un banquero no tiene vergüenza, a pesar de que su candidato a vicealcalde aseguró hace pocos meses, que por lo menos 70 millones de dólares pasaron de forma no transparente al banco del actual candidato a alcalde Montealegre, cuando quebraron a 10 bancos privados, apropiándose de sus carteras y bienes, y con dinero del Estado nacional hicieron que las pérdidas las pagara el pueblo por medio de los certificados negociables de inversión (Ceni). El MRS apoya a un candidato acostumbrado a ver al erario como un hermoso pedazo de queso en sus diferentes variedades: ahumado, fresco, crema, quesillo, cuajada, etc. Ningún ciudadano responsable puede poner a Mickey Mouse a cuidar una libra de queso.

¿Con este nuevo pacto del MRS, qué pretenden renovar sus dirigentes? ¿Cuál es el mensaje ético que envían a la juventud nicaragüense, ellos que lucían como los abanderados incólumes de la ética? Nada, pero nada, justifica el pacto MRS-PLC. Ni la razón más pragmática que ellos argumenten. El MRS se sumó al slogan de todos contra el gobierno actual, olvidándose de que en menos de dos años se han impulsado más políticas sociales a favor de los pobres que en los últimos 18 años. Un pacto de este tipo sólo se puede explicar por el rencor, el interés personal de antiguos revolucionarios convertidos en políticos tradicionales y la clara intención de congraciarse con la ultraderecha, el gran capital y el imperialismo. ¿Podrán ahora negar las acusaciones que los señalaban como agentes del imperio? Traicionaron a sus pocos seguidores.

Hubiese sido un poco más digno seguir la actitud de los “rescatadores” que no van a votar o van a anular sus votos (dicen ellos); al menos eso es lo que manifiestan públicamente. Pactar con el neosomocismo –algo de lo que acusaron al FSLN sin compasión, de manera incansable y llenos de resentimiento- es algo por lo cual deberían protestar enérgicamente los jóvenes del llamado Movimiento No, quienes por ese mismo motivo no deberían dejar solitario al joven Lewites, el cual marcha por razones que la derecha y sus medios de comunicación repiten trilladamente. Ahora sí que estos jóvenes tienen una bandera para luchar y protestar contra tamaña traición.

Ya nunca más podrán negar, desmentir o borrar -a pesar de las heroicas páginas escritas por algunos de ellos cuando fueron revolucionarios sandinistas-, los calificativos de apóstatas, renegados, arrepentidos, relapsos, avergonzados, traidores, desertores, cismáticos, divisionistas. El MRS ha claudicado sin lugar a dudas; se ha suicidado; y ha elaborado y entonado en el pentagrama político su propio réquiem, sin ideología, sin ideales, sin programa, sin propuesta, sin vergüenza. Que descanse en paz.