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La iglesia católica celebró ayer el Miércoles de Ceniza, que toma su nombre de la solemne ceremonia en la cual el sacerdote bendice la ceniza y luego la impone en la frente de los fieles.

El día fue establecido como primer día de la santa cuaresma alrededor del año 596, por el papa San Gregorio Magno, uno de los más insignes sumos pontífices de la iglesia en la antigüedad cristiana.

Llevar la ceniza en la frente, es una señal de humildad y arrepentimiento. En cierto modo es una penitencia pública, que hacen los católicos en el mundo entero. Es verdad, se trata de una de las manifestaciones más interesantes de la religiosidad.

¿Por qué la gente quiere ser marcada con las cenizas?

Hay quienes se dejan marcar la frente, simplemente por seguir la tradición que aprendieron de sus padres, pero sin saber lo que significa. Otros creen que la ceniza les trae bendición especial a sus males, porque algunos tienen creencias supersticiosas de que si no la reciben, algo malo les va a pasar. El recibir la ceniza, es para dar testimonio público de su religiosidad, e identificarnos como católicos.

La cuaresma es la etapa previa a la celebración de los misterios pascuales, que son misterios de esclavitud y liberación. Es una celebración y un tiempo apropiado para enfrentarnos con esa realidad íntima de nuestro ser que, a veces, antagoniza al propio Dios.

Los humanos, en general aborrecemos la opresión y la esclavitud porque se ejerce a costa de nuestra libertad. Rechazamos de plano a personajes como Herodes, Nerón, Hitler, pero a veces nosotros mismos actuamos como ellos y contra nosotros mismos, cuando nos dejamos arrastrar por caprichos, placeres dañinos y egoísmo.

Yo siento que hablamos mucho de Dios, pero muy poco con Dios. Nos hace falta pasar de una fe intelectual a una experiencia de fe. Nos hace falta descubrir, experimentar a Dios entre los hombres, en las palabras de los hombres, en las esperanzas de los hombres.

Cuaresma es para encontrarnos con Dios personalmente. Comenzamos ayer cuarenta días de preparación para la celebración de los misterios de la muerte y resurrección de Jesucristo. Es tiempo propicio para la renovación interior.

Tiempo de experimentar el perdón de Dios y ofrecer el perdón a nuestros hermanos para ser bondadosos, para aprender a dar un “chance” más al esposo, al hijo, la hija, cuando parece que ya hemos perdido las esperanzas. Yo quiero ese “chance” y dárselo a la persona que me ha ofendido.

 

(*) El autor es licenciado en Comunicación Social

alvaroruiz25@yahoo.es