•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En 1929, el general Sandino decidió hacer su viaje a México con parte de su Estado Mayor y principales ayudantes, con el objeto de conseguir ayuda para la continuación de su lucha contra la intervención. Sandino necesitaba asegurar un enlace internacional, tras la deserción del intelectual hondureño Froilán Turcios, quien hasta enero de 1929 había fungido como el representante internacional del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, EDSN.

El General salió en secreto de Las Segovias en mayo de 1929, utilizó las redes de solidaridad que le permitieron atravesar Honduras, El Salvador y Guatemala, hasta llegar a Mérida, Yucatán. Aquí habría de pasar un largo período de espera, para una entrevista con el presidente de México, Emilio Portes Gil. No fue sino hasta los inicios del año siguiente que lo recibió. Sandino confió en que el gobierno mexicano le iba facilitar recursos materiales, tal como lo había hecho durante la guerra de 1926-1927 con los revolucionarios constitucionalistas. Personas claves para el logro de este contacto, fueron: el doctor Pedro José Zepeda y el internacionalista colombiano capitán del EDSN, José de Paredes.

La estadía de Sandino en México pudo haber sido aprovechada por los agentes norteamericanos para eliminarlo físicamente, pero una de las principales atenuantes pudo ser el costo político y las consecuencias que hubieran provocado, al ser el patriota y su comitiva, invitados del gobierno mexicano. Pero los círculos de poder de los Estados Unidos presionaron para que no lograra apoyo. Otro mecanismo fue el de retenerlo lo más posible y hasta convencerlo de que desistiera de retornar a Nicaragua. Eso hubiera significado el abandono de sus hombres y de la confrontación armada a la intervención.

Los agentes pagados por EE.UU. estaban a la caza de los movimientos de Sandino en México. En unas transcripciones que tienen como fechas entre enero y febrero de 1930, facilitadas por un colega y amigo, se puede ver claramente que quien coordinaba esta actividad era el agregado militar de la Embajada de EE.UU., coronel Gordon Johnston, quien llevaba una especie de diario sobre los pasos de Sandino.

Ilustrativo es una parte del informe del 30 de enero: “Hasta las 10 en punto de la mañana, Sandino estaba recibiendo visitas en la casa del Dr. Zepeda, en Balderas 24, donde un considerable número de amigos y simpatizantes lo visitaron… El agente fue informado por José Constantino González, un miembro del personal de Sandino que unas 40 o 50 personas habían visitado a Sandino durante el día, contando entre ellas a… varios oficiales del ejército, cenadores, diputados y algunos aviadores. Él también fue entrevistado por corresponsales de periódicos”.

Sandino salió de forma incógnita de México en abril de 1930, y en mayo de ese mismo año ya se encontraba en Las Segovias, Nicaragua. No logró obtener la ayuda que necesitaba del gobierno mexicano para lanzar una ofensiva con mayores recursos contra los interventores. Tampoco logró cohesionar a las diferentes tendencias ideológicas que apoyaban su gesta en el exterior.

Pero logró, entre otros objetivos, restablecer el contacto internacional, enlace físico con hombres de prensa, con personalidades, gremios y otros grupos sociales que le permitieron ampliar la solidaridad moral internacional a favor de la causa. En adelante, sus actividades militares se extendieron ampliamente hacia los departamentos de occidente, el centro y la Costa Atlántica del territorio. Por tanto, si el boicot contra Sandino en México tuvo efectos parciales, no logró contener su empuje total contra los interventores; en el lugar donde se definía la lucha, obligándolos a retirarse de Nicaragua en enero de 1933.

 

 

*Historiador y escritor. Unidad de Servicios Bibliotecarios y Proyección Social del BCN.