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Pese a que la mujer suele solo ser noticia cuando es agredida por su compañero de vida, en dichos y refranes –como aquel que dice: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”– se esconden escenarios tangibles en donde ellas han sido de por vida grandes protagonistas del desarrollo de la humanidad.

Debatir sobre si el tratamiento mediático que se hace de la mujer es bueno o es malo, su pro y los contras, podría ser una pérdida de tiempo. Las conclusiones nos llevarán cada vez más rápido a reconocer el papel que ellas han asumido y que asumen en diversos contextos.

La historia humana registra la unión matrimonial como parte de la expresión de amor entre dos seres “supuestamente” amados. Una mujer y un hombre que se juran, ya sea por religiosidad o por las leyes, amor hasta que la muerte los separe; pero que en esa unión está uno que por siempre ha sometido a sus órdenes al género femenino.

La realidad refleja el evidente sometimiento de mujeres apegadas absolutamente a su pareja. Hechos atroces han sido publicitados en los medios de comunicación, y las declaraciones demuestran que muchas veces la mujer no puede dejar a su pareja.

Explicaciones que atan, como el que “amenazas por los hijos, por los padres, por el matrimonio o por la pena que pueda resultar de parte de la vecindad”. Mientras tanto, ese hombre violento, “hábil” y macho, se pasea por la calle con sus cuates de tragos.

Estadísticas de grupos de mujeres indican que los hombres han asesinado a 18 mujeres en 2 meses de 2014. ¿Cuántas otras muertes tendrán relación directa con el maltrato salvaje que reciben? Ya no digamos los retos/dificultades que enfrentan estas, en lugares donde aún se mantienen patrones conductuales ofensivos a los derechos humanos que contravienen los promulgados el 10 de diciembre de 1948 por la ONU y que en Nicaragua ratifica en parte la Ley 779, Ley Integral Contra la Violencia hacia la Mujer.

La parte legal para castigar a los abusadores muy bien. Sin embargo, las mismas afectadas directamente con la violencia, otra vez víctimas desde los medios de comunicación cuando lo hacemos público, y no promovemos lo propositivo en la política editorial, el perfil noticioso y los términos lingüísticos para dirigirnos a la audiencia.

También urge desde la educación formal transmitir enseñanzas y valores para respetar a la mujer y que la niñez los aplique en sus hogares. Es desde ahí donde debemos comenzar, en crear conciencia del respeto hacia cualquier persona, no precisamente porque exista una ley que lo obligue.

Y el reto soberano es que la ley no sea arma para someter a aquellos que tienen las mejores intenciones de colaborar con el desarrollo, pues muchas mujeres se pueden aprovechar de la ley para cometer actos ilícitos, que incluso pueden perjudicar a los hijos.

Desde los medios de comunicación principalmente radiales, escuchamos groseramente que “un compañero de vida dio muerte a una mujer”, cuando realmente somos irresponsables en continuar transmitiendo palabras que enredan el pensamiento de las generaciones. Debemos mostrar una mejor conducta en la familia y en la sociedad. Y por el Estado, atención en tiempo y forma, además de presupuesto para atender las agresiones.

 

*Comunicador social.