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El Día Internacional de la Mujer es algo más que otro acontecimiento registrado en el calendario. Es una ocasión no solamente para renovar nuestra determinación de hacer del mundo un lugar más pacífico y próspero, sino también para reconocer que un mundo en el que hay más oportunidades para la mujer es un mundo en el que las posibilidades para la paz, la prosperidad y la estabilidad aumentan incluso más.

Lo puedo ver todos los días como Secretario de Estado. Incluso aun cuando sigue el bombardeo feroz de Aleppo por el régimen de Assad, que le muestra al mundo el verdadero fondo del brutal régimen, con cada acto de valor y perseverancia las mujeres de Siria también le muestran al mundo su verdadera naturaleza. Algunas de estas impresionantes mujeres nos hablaron el mes pasado en Montreux.

Sus relatos hablan de la valentía de otras innumerables mujeres sirias. Una mujer de Idlib trabajó con el Ejército Libre de Siria para conseguir que la gente de su pueblo pudiera quedarse en sus viviendas y cultivar su propia tierra. Otra mujer de Aleppo consiguió que se levantaran las restricciones al acceso humanitario, al ofrecer alimentos a los soldados del régimen en sus puestos de control. Si eso no es coraje bajo el fuego, entonces no sé lo que será.

No es solamente en Siria que la mujer nos ofrece esperanza para resolver un conflicto. La mujer es vital para nuestras metas compartidas de prosperidad, estabilidad y paz. Eso es cierto tanto cuando se trata de terminar nuestras batallas como para impulsar nuestras economías. El hecho es que la mujer padece la carga más grande en una guerra, pero sus voces rara vez se escuchan cuando se negocia la paz. Eso tiene que cambiar.

Los países que valoran y potencian a la mujer para que participe plenamente en la toma de decisiones son más estables, prósperos y seguros. Lo opuesto también es cierto. Cuando la mujer está excluida de una negociación, la paz que se logra es más frágil. La confianza se erosiona y con frecuencia se ignoran los derechos humanos y la rendición de cuentas.

En demasiados países los tratados son diseñados por combatientes para combatientes. Por ello no debe sorprender que más de la mitad de los acuerdos de paz fracasen en los primeros diez años de su firma. La inclusión de la mujer en el establecimiento de la paz y la prevención de conflictos puede cambiar esa tendencia.

¿Cómo llegamos a ese punto? Las evidencias recogidas en el mundo han demostrado que es más probable que los conflictos mortíferos se eviten y que la paz se forje de mejor manera y se proteja mejor cuando la mujer se incluye como socia en igualdad de condiciones.

Es por ello que en todo el mundo, trabajamos en apoyo de la mujer en las regiones en conflicto, y posteriormente a los conflictos.

En Afganistán defendemos la inclusión y la elección de la mujer en todos los niveles de gobierno. Las mujeres afganas avanzan hoy de una manera inimaginable tan solo hace diez años. Están fundando empresas. Ocupan escaños en el parlamento. Enseñan en las escuelas y trabajan como doctoras y enfermeras. Son el cimiento sobre el que se está construyendo el futuro de Afganistán.

Mientras el pueblo de Birmania trabaja para resolver el conflicto que desde hace décadas asola su país, Estados Unidos apoya la participación de la mujer de un modo significativo en el proceso de paz y en las iniciativas de paz entre las comunidades.

Sabemos que la seguridad de la mujer es esencial para su participación en el establecimiento de la paz. Es por ello que trabajamos para asegurar que la mujer tenga igual acceso a la ayuda y auxilio humanitario, en todo lugar donde estemos trabajando.

Estados Unidos también lidera con el ejemplo. Mi hermana ha trabajado muchos años en las Naciones Unidas, siguiendo las huellas de nuestro padre en el Departamento de Estado muchos años antes que yo lo hiciera. Es una forjadora de sendas, pero no está sola. No es coincidencia que algunos de nuestros principales diplomáticos y negociadores de paz sean mujeres: desde Susan Rice, la asesora de Seguridad Nacional hasta Samantha Power, embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas; desde la vicesecretaria de Estado Heather Higginbottom, hasta Wendy Sherman, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos. Actualmente todos los cargos de Secretario Adjunto regionales en el Departamento de Estado, menos uno, son desempeñados por mujeres.

Celebramos sus logros no solamente porque son mujeres, sino porque su labor en todo el mundo permitirá a todas las personas, hombres y mujeres, niños y niñas, tener más seguridad.

La paz no significa ausencia de conflicto. Es la presencia de cada miembro de la sociedad trabajando conjuntamente para fomentar la estabilidad y la prosperidad.

Ningún país puede tener éxito a menos que cada ciudadano esté facultado para contribuir a su futuro. Y ninguna paz puede durar si no se permite que la mujer tenga un papel decisivo. Por ello hoy recordamos los kilómetros que la mujer ha recorrido en el mundo, aunque es mucho más importante comprometerse con los próximos kilómetros que quedan por recorrer.