Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica debate entre liberales y conservadores varios temas pendientes, con la participación de teólogos, cardenales, obispos, clérigos en general, religiosos y laicos. Veamos algunos:

ANTICONCEPTIVOS. El debate se inició con la Encíclica Humanae Vitae de Paulo VI, que —entre otros temas— considera que las relaciones sexuales entre esposos fértiles siempre deben tener un doble fin inseparable: unión conyugal y procreación; por lo que, para la planificación familiar, solo podría recurrirse a la abstinencia durante los períodos de fecundidad. Las encuestas hechas en algunos países revelan que la mayoría de católicos no siguen las orientaciones de esta encíclica, ni declaraciones posteriores sobre los anticonceptivos. Las conferencias episcopales de Canadá y de Estados Unidos respaldaron la encíclica, pero, concretamente sobre los anticonceptivos, reconocieron el derecho a disentir (honesta, responsable, privada y respetuosamente) según la conciencia de cada cual. Otros episcopados, en la práctica, adoptaron igual posición.

Benedicto XVI, siendo cardenal, destacó que la Iglesia quiere ayudarnos a estar abiertos a la vida sin rechazar procrear hijos por razones puramente egoístas, y que habría que ver cada caso “porque estas cosas no se pueden dilucidar en abstracto”. Aunque posteriormente, siendo Papa, censuró que en África a los hombres con sida se les proveyeran preservativos para no contagiar a sus esposas y futuros bebés. Por su parte, el prestigioso Arzobispo de Milán, papable hasta casi su fallecimiento, jesuita, precursor del pensamiento del papa Francisco, el cardenal Carlo María Martini, consideró como moralmente correcto usar anticonceptivos en diferentes situaciones, como “un mal menor”. Es posible que bajo el papa Francisco la Iglesia —manteniendo firmes los principios de la encíclica— acentúe la opción del “mal menor” teniendo los esposos la decisión final, en conciencia, según cada caso.

DIVORCIADOS Y VUELTOS A CASAR. Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, la Iglesia mantiene la indisolubilidad del matrimonio: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Pero cuando un católico se divorcia y se vuelve a casar civilmente no es excluido de la Iglesia y más bien se le invita a participar sobre todo en la santa misa, pero sin recibir la comunión. El citado cardenal Martini expresó: “Si los padres se sienten fuera de la Iglesia o no sienten su apoyo, la Iglesia perderá a la futura generación… La cuestión de si los divorciados pueden recibir la comunión debería ser replanteada. ¿Cómo puede la Iglesia llegar a ayudar con la fuerza de los sacramentos al que tiene situaciones familiares complejas?”. El papa Francisco —retomando, como otras veces, declaraciones del cardenal Martini— recalcó: “Los sacramentos no son para premiar a los santos, sino para fortalecer a los débiles”. Una apertura pastoral es posible. También legal, ampliando las causales de nulidad —tan restringidas— y los trámites de anulación del primer matrimonio —hoy demasiado complicados—. El matrimonio verdadero será siempre indisoluble, pero muchos matrimonios al fracasar evidencian que nunca fueron verdaderos, nunca hubo verdadero amor, respeto o fidelidad al otro; bien podrían declararse nulos, pues realmente nunca existieron.

EL CELIBATO SACERDOTAL. No es un dogma, es una norma. Aunque la gran mayoría de los sacerdotes son fieles al celibato, existen diferentes propuestas de apertura. Una es que tengan ambas opciones: matrimonio o celibato; y como a veces es inconveniente tener a sacerdotes célibes viviendo solos y expuestos —como humanos— a tentaciones, los célibes deberían pertenecer a una comunidad u orden religiosa donde tendrían compañía, apoyo y supervisión permanente. Los sacerdotes diocesanos deberían —según esta propuesta— optar por ser casados, o vivir en comunidades con varios sacerdotes diocesanos, por zonas. Este es un tema abierto, hay diversas propuestas y podría ser que se den algunas reformas.

 

*Abogado, periodista y escritor.

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com