Augusto Zamora R.*
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Según el Diccionario de la Academia de la lengua, es lo que está contra la naturaleza. Hasta allí, ninguna divergencia. El problema se inicia al analizar el término ‘naturaleza’.

La Naturaleza, en mayúscula, contiene de todo. Los leones matan a los cachorros de otros leones. La mantis religiosa devora a su macho. Hay cetáceos que practican el canibalismo. Los chimpancés bonobos (nuestros parientes más próximos), sexo múltiple.

Así hasta el infinito. Cada especie ha desarrollado su propia estrategia de supervivencia.

La humana tampoco ofrece un desarrollo lineal, ajustado a la ‘naturaleza’. A lo largo de su evolución, ha pasado por matriarcado, patriarcado, poligamia, poliginia, poliandria...

Sir James Fraser, uno de los fundadores de la antropología, afirmó, en su célebre obra La rama dorada, que “vivir y hacer vivir, comer y procrear” han sido y seguirán siendo los impulsos esenciales de nuestra especie, la razón de su existencia.

Alimento y sexo marcarían, pues, nuestras conductas. Desde ese ángulo, podría llegarse a algunas conclusiones sobre qué entender por ‘contra natura’, separada la expresión de ítems religiosos o morales, que son elaboraciones humanas, no productos ‘naturales’.

El celibato impuesto por ciertas religiones sería una conducta contra natura, pues reprime el impulso natural —absolutamente natural— de la reproducción.

Las normas morales que constriñen el impulso —dentro de parámetros legales— del sexo también serían conductas contra natura. Recluirse en monasterios, negación de nuestra naturaleza.

Manipular la Naturaleza para justificar construcciones morales es humano, no ‘natural’.

 

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