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Tuve la oportunidad de asistir como invitado a un evento donde más de mil mujeres de Centroamérica, no se reunieron para hablar de sus trajes de última moda, ni de la última tendencia del maquillaje fashion.

Los rostros de esas mujeres que yo vi, eran de alegría y serenidad para debatir los temas que las agobian como trabajadoras de la maquila. Mujeres sencillas, con voz propia, humildes y laboriosas, que representan a etnias, organizaciones sociales, mujeres jefas de familia y mujeres comunitarias desmenuzando el arcoíris de la vida, sin importarles las fronteras ni los prejuicios que acechan de los diferentes matices políticos y culturales, pues, se empeñan en el día a día, por avanzar en la superación de la discriminación y en la promoción de la igualdad de género en el mundo laboral.

Son mujeres aguerridas, hijas del Movimiento María Elena Cuadra, mujeres de grandes fortalezas espirituales y dignas en sus planteamientos, que dedicaron un día de calidad, para celebrar a la mujer, hablando de la agenda de los derechos laborales de mujeres trabajadoras de la industria maquiladora en Centroamérica.

Yo creo, que lograron concretar sus afanes y objetivos ofreciendo sus testimonios reales e identificando con claridad donde hubo conflictos, obstáculos, los llamados golpes bajos, y cómo los resolvieron introduciendo el debate, durante muchos años tanto en Nicaragua, como en el istmo centroamericano.

Desde esta perspectiva, se plantea el derecho a un empleo y salario digno como una forma de garantizar la autonomía de las personas y su contribución a la sociedad. Sin embargo, el esfuerzo de estas mujeres, no ha logrado tener eco en los gobiernos de la región centroamericana, (visto como una camisa de fuerza) ya que estos continúan imponiendo la flexibilización laboral como instrumento de contratación, sin advertir, que el trabajo temporal y por horas, es un retroceso en el cumplimiento de los derechos humanos y laborales.

Esta reflexión, al parecer no ha calado en la sensibilidad de los que toman decisiones. En mis apuntes, recogí como carencia, que en la mayoría de los países centroamericanos, las enfermedades ocupacionales se asocian como si fuesen comunes, ya que no existe un procedimiento adecuado para clasificarlas, debido a que cuentan con el apoyo de especialistas en Medicina del Trabajo a nivel de Instituto de Seguridad Social y ministerios del Trabajo. En este aspecto, las mujeres lamentaron la posibilidad de formular políticas públicas para prevenir, detectar y precisar el origen ocupacional de las enfermedades profesionales, su tratamiento y su indemnización.