•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Desde los inicios de los años noventa del siglo pasado, se ha venido criticando y cuestionando la formación profesional de los egresados de las universidades del país, por insuficiente o irrelevante en función de las expectativas y exigencias del mercado profesional.

La crítica ha sido expresada tanto por el sector de empleadores como por los propios estudiantes, al percibir que el acceso al mercado de trabajo profesional ha dejado de ser una garantía tras la obtención de un título universitario, y lo que es peor, el título universitario ya no es como lo era antes: un canal de movilidad social y la posibilidad de cubrir aspiraciones económicas.

Algunos especialistas han llegado a afirmar que este declive en la educación superior comenzó tras la masificación de las universidades en el ámbito de profesores, estudiantes y personal administrativo.

En un estudio realizado por Angel Ruiz titulado Universidad y Sociedad en América Latina, escribe que las “grandes causas a los grandes ideales sirvieron como pretexto para admitir la mediocridad en las universidades”.

En Nicaragua (con excepción de la UNAN, UNI y la UNA) existen universidades de todo precio y lo único que tienen en común es que tratan de ser rentables al menor costo posible. Similar a cualquier empresa, la universidad contrata a sus empleados (docentes) al destajo, les paga solamente por las horas que dictan sus conferencias y no le interesa, al empresario, si su asalariado investiga, escribe o trasmite, durante sus horas de clase, valores éticos o morales. Tampoco le interesa si tiene grados académicos (maestría o doctorado), porque entre menos preparado, le paga menos. De esta forma el catedrático ya no es visto como el humanista e investigador, sino como el obrero que tiene que ser eficiente al menor costo posible.

Lo trágico de todo este panorama es que, aunque son empresas educativas, no existe organismo alguno del Estado encargado del control de calidad del producto a la hora que este sale al mercado.

El epistemólogo argentino Mario Bunge afirma en el artículo “Ciencia y desarrollo” que el efecto de la masificación fue el “ascenso relámpago, a la cátedra universitaria, de gente inmadura para ocuparla”. Para Bunge, el resulto de esta masificación fue triple: “Los profesores instantáneos ya no tienen tiempo ni acaso ganas para seguir aprendiendo, la calidad de la enseñanza que imparten es pobre (y es peor con el tiempo) y sus alumnos egresan con peor preparación que ellos”.

Para salir de esta crisis, los especialistas han propuesto varias soluciones, entre ellas, por ejemplo, un mayor acercamiento entre el currículo universitario, las demandas concretas del mercado y de la economía del país, bajo la supervisión permanente del Consejo Nacional de Universidad.

Otra de las soluciones posibles es la iniciativa de la UNAN-Managua, en lo que se refiere a la convocatoria de acceso a la docencia universitaria.

En agosto del año 2013, se aprobó el reglamento de la UNAN-Managua para acceder a la docencia universitaria. Iniciativa, según entiendo, del decano de la Facultad de Humanidades, Luis Alfredo Lobato, y apoyada por el secretario general, Jaime López Lowery, y el rector Elmer Cisnero.

El reglamento establece una convocatoria anual de los concursos a plazas de docencia, de acuerdo a la disponibilidad presupuestaria y al número de vacantes existentes, la cual será publicada en un diario de circulación nacional, o en web de la UNAN-Managua.

Los candidatos deben de ser nicaragüenses o extranjeros con permiso de trabajo. No tener más de 55 años, poseer grado mínimo de Maestría y experiencia docente. Los que aspiran a la plaza deben llenar una solicitud mediante un formato establecido y acompañar la documentación justificativa.

Los concursos de acceso serán juzgados por comisiones de profesores activos (tres en total), los cuales deberán ajustarse a los principios de imparcialidad, transparencia y objetividad. Los miembros de la comisión deben valorar el historial académico, docente e investigador del candidato, su proyecto docente e investigador.

El concurso consta de dos pruebas. En la primera, el candidato expone oralmente, durante un tiempo máximo de 45 minutos, su currículo vitae, su proyecto docente y su proyecto investigador. Pasan a la segunda prueba los que obtengan, al menos, dos votos favorables.

La segunda prueba consiste en una exposición oral del tema elegido libremente por el candidato. Posteriormente la comisión debate con el concursante los contenidos expuestos. Si el concursante obtiene la plaza, su contrato de medio tiempo o tiempo completo será de un año, prorrogable.

En el mismo reglamento se establece un programa novedoso para jóvenes que tengan menos de 28 años y quieran acceder a la docencia.

La iniciativa de la UNAN-Managua debe ser retomada por el Consejo Nacional de Universidades a lo inmediato, y proponer a la Asamblea Nacional una Ley de Acceso a la Docencia Universitaria con el procedimiento establecido en el reglamento, para que así las universidades del país cuenten con docentes acreditados y competentes que acceden a la cátedra por mérito y capacidad; y, de una vez por toda, acabemos con la mediocridad de la docencia universitaria.

 

* Docente universitario.