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Para los antiguos griegos democracia meramente es “poder del pueblo”. El “poder” no es más que la capacidad de decidir y resolver los asuntos internos en forma libre y soberana, sin injerencias externas. Entretanto, el vocablo “pueblo” no es más que la reunión de ciudadanos convocados en asamblea general para deliberar asuntos de Estado.

El concepto de democracia con el paso de los siglos se fue expandiendo en el mundo occidental, y el modo más simplista de aplicación, ha sido la de convocar al pueblo a elecciones generales para que elija a sus autoridades y que estas lo represente en el gobierno por cuatro o cinco años.

Cuando se irrespetan los principios democráticos, violentando la voluntad popular expresada en las urnas, ya sea escamoteando el voto por fraude electoral o expulsando del poder al Presidente de la República, electo en comicios, orquestando golpes de Estado o cuando una camarilla manipula a sectores sociales, lanzándolos a las calles, para exigir por la fuerza y la violencia la renuncia del gobernante. Este tipo de ataques a la democracia deviene en confrontación, altera la paz y la concordia en la sociedad.

El uso de la fuerza y la violencia han sido los métodos por antonomasia utilizados por minorías interesadas en sacar del poder a sus adversarios políticos. Muchos se arrogan el calificativo de “demócratas”, mas no respetan sus propias reglas. Los argumentos más pueriles que esgrimen para pisotear la democracia, son de orden ideológico, económico y en otros religiosos.

Son innumerables los ejemplos de prácticas antidemocráticas. Quizá la más emblemática sea el golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, en Chile, el 11 de septiembre de 1973. Allende llega al poder por el voto popular en 1970. Como nacionalizó las minas de cobre, ese acto fue suficiente para que se desatara una feroz campaña en su contra; llovieron acusaciones de comunista, la burguesía chilena se lanzó a las calles, acusó al gobierno de pretender establecer otra Cuba. En el golpe de Estado estuvo involucrado el gobierno norteamericano. Al final, el saldo trágico fueron más de tres mil chilenos asesinados por Augusto Pinochet.

En 1944-1954, Guatemala vivía un proceso revolucionario. Jacobo Arbenz fue electo Presidente de la República mediante el voto popular; mas como el gobernante impulsó una reforma agraria, con la cual nacionalizó las tierras que estaban en manos de la United Fruit Company, tal acto ocasionó acciones contrarrevolucionarias contra el gobierno hasta su derrocamiento en 1954. Durante cuatro décadas, centenares de miles de guatemaltecos fueron asesinados por las fuerzas represivas de los regímenes militares que sucedieron al gobierno revolucionario.

El golpe de Estado en Ucrania, donde 200 mil personas lograron derrocar el gobierno electo en 2010, una minoría que se impuso a los 52 millones de habitantes del país. Y ahora está la situación política de Venezuela, donde un grupo político pretende dar golpe de Estado a Nicolás Maduro. La táctica es la misma que usaron en Chile en 1973: acusan al gobierno de incapaz, se señala presencia cubana, escases de alimentos; pero el trasfondo de todo es la riqueza petrolera que tiene Venezuela. Lo que los opositores no han podido lograr por medio de la democracia y la vía electoral, ahora quieren conseguirlo por la fuerza y la violencia ¿Lo conseguirán? Tal vez sí, tal vez no, todo dependerá de la correlación de fuerzas en esa lucha de clases que enfrentan los revolucionarios venezolanos.

 

*El autor es abogado y notario