Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
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Es casi una moda hablar de fortalecimiento institucional en los proyectos de cualquier tipo que se ejecutan en nombre y a nombre de los ciudadanos de mayor vulnerabilidad. Tal muletilla sirve de señuelo para lograr financiamientos constantemente, de fuentes públicas o privadas. En calidad de donativos, recuperables o revolventes.

Cantidad de organizaciones con y sin fines de lucro (al final todas lo son con esos fines, salvo raras excepciones) incluyen dentro de sus justificaciones dicha premisa con tal de garantizar la captación de recursos.

Revisando una buena cantidad de intervenciones o proyectos desde la década del 90, todas incluían el componente mencionado, haciendo creer que se fortalecería las instituciones solicitantes y contrapartes locales, cuya composición era la participación de la ciudadanía. Nada más lejos de la realidad.

Fortalecer una institución local, o nacional, no es estratégicamente viable, pues le elimina la justificante de la presencia siempre permanente de quienes manejan el negocio de la cooperación. Son imprescindibles para que funcionen las acciones. Los locales no tienen capacidad de impulsar y alcanzar los resultados u objetivos.

Es de esta manera que la cascada del proceso desde el diseño, gestión, ejecución, evaluación y sistematización de cualquier intervención, necesita que siempre estén presentes los gurúes de la gerencia y manejo de los trabajos.

Fortalecer las organizaciones locales implica educar, entrenar y fortalecer los recursos humanos que ejecuten, y así mantengan vigentes las tareas y actividades que generan cambios positivos. Eso también implica el relevo sucesivo y constante de los recursos que inician las acciones, cual estrategia tipo incubadoras que enseñaron cooperantes holandeses, italianos, brasileños, entre otros tantos benefactores, que marcharon y dejaron la semilla.

Sucede en el campo de la salud, educación, la cultura, el deporte y en cualquier área del desarrollo humano necesario para dignificar la vida de grupos poblacionales considerados más vulnerables. Tal circunstancia, elimina la continuidad de beneficios a quienes los necesitan. Se da, se conoce y se deja que siga sucediendo. Ironías de la vida.

La mejor decisión a asumir es empoderarse, entrenarse, capacitarse y dominar todos los procesos, desde la identificación del problema hasta la evaluación, pasando por el diseño, ejecución y monitoreo para hacer propio la solución de las circunstancias que nos mantienen en la miseria. De otra manera, seguiremos aportando nada más la justificante para que otros hablen en nuestro nombre.

Es tiempo de hablar con voz propia y no seguir siendo nada más referencias estadísticas del país más pobre del continente.

Urge fortalecer recursos en el campo de la economía, la cultura, la salud, la tecnología, y todas las áreas que incluyen el denominado indicador Calidad de vida. Hagamos el intento y lo lograremos.

 

eddyzepeda07@yahoo.com.mx