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Hay una comunidad humilde en Honduras, donde los campesinos están desarrollando una estrategia contra el cambio climático que está llamando la atención del mundo. Se trata de Lempira Sur, ubicada en el departamento de Lempira, en el oeste del país.

Ahí, los miembros de la comunidad emprendieron acciones colectivas para frenar prácticas que afectaban negativamente su seguridad alimentaria y los recursos naturales. Luego de un período aproximado de 15 años, la acción comunitaria ha ayudado a mejorar la capacidad de adaptación de los ecosistemas, y las cosechas han aumentado, lo que ha traído una mejor calidad de vida a sus pobladores.

“Esto podría hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso en el contexto del cambio climático, pues constituye el equivalente de 20mm de lluvia, lo que se traduce en la sobrevivencia de cultivos por 20 días adicionales sin lluvias”, explicó lleana Gómez, investigadora del Programa Salvadoreño de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (PRISMA). Según la investigadora, este Sistema Agroforestal Quesungual (SAQ), prácticamente ha frenado la erosión y ha reducido la pérdida de nutrientes por una tasa 10 veces menor que los métodos en fincas convencionales”.

La historia de Lempira Sur, incluida en un reporte técnico de PRISMA, fue presentada hace pocos días en San Salvador, ante una audiencia de especialistas, científicos, ministros de agricultura y del ambiente de Centroamérica, así como representantes de la sociedad civil y de gobiernos de diferentes países. Uno de los principales objetivos de la cita fue analizar las lecciones aprendidas en Centroamérica, reconocida como una de las regiones del mundo más vulnerables al cambio climático.

Centroamérica se encuentra ante una encrucijada: continuar creyendo en la quimera de un desarrollo que promete bienestar pero que nunca llega y degrada los ecosistemas, o comenzar a identificar y fortalecer alternativas que generen bienestar, que sean realmente sostenibles y que, además, faciliten enfrentar una de las mayores amenazas actuales: el cambio climático.

El primer camino alberga un futuro poco prometedor, de hecho el equipo de investigadores de PRISMA advirtió que los impactos ligados a la construcción de grandes obras de infraestructura –como la fiebre de canales interoceánicos que hay en la región–, los proyectos mineros, y la creciente agroindustria, entre otros, podrían multiplicar los impactos del cambio climático.

De acuerdo con cifras de CEPAL, el costo de enfrentar los impactos del cambio climático en el año 2100, podrían consumir el 54% del PIB regional. Si usted es de los que piensa que no vale la pena preocuparse por lo que suceda en el año 2100 pues en cualquier caso estaremos muertos, aquí hay algunas cifras para meditar: en El Salvador, los eventos climáticos asociados con el huracán Ida, el huracán Agatha y la depresión tropical 12E, que se desarrollaron entre noviembre de 2009 y octubre de 2011, ocasionaron pérdidas que superaron los US$1,300 millones, equivalente al 6% del PIB del 2011 de ese país. El FMI ha sido claro al atribuir el bajo crecimiento de El Salvador a dos causas principales: la crisis global de 2008 y 2009, y los choques climáticos.

“Hemos sido muy arrogantes al pensar que la naturaleza es solo para nosotros, y que somos la especie dominante. La verdad es que estamos en un momento en que las catástrofes son muy reales, este es un tiempo para cambiar y mejorar,” dijo el reconocido documentalista y especialista en temas ambientales Jhon Liu, durante una entrevista realizada en San Salvador.

Inundaciones y deslizamientos como consecuencia de los huracanes que golpearon a El Salvador y Guatemala en el 2011, ocasionaron más de US$1 mil millones en daños en el primero, y más de US$500 millones en el segundo. Mientras que la sequía que golpeó a Centroamérica en 2009-2010 y que está asociada con el fenómeno El Niño, impactó a 1.4 millones de productores, quienes perdieron entre el 80 y el 100% de sus cultivos en ese año.

Soluciones desde el territorio. De acuerdocon los técnicos de PRISMA, la historia de Lempira Sur ejemplifica la oportunidad que hay en Centroamérica para recuperar algunos de los ecosistemas de la región, sobre todo el papel protagónico que pueden tener las comunidades –con o sin ayuda de los gobiernos– para lograrlo. Para estas personas, adaptarse al cambio climático es un asunto de poder llevar, cada día, alimentos a la mesa.

Mientras los temas relacionados con el cambio climático se discuten en las grandes conferencias internacionales, y se derrochan toneladas de dinero en reuniones, la vida de las personas en las comunidades, que ya están siendo golpeadas por el cambio climático, continúa.

Para Liu, la capacidad que reflejan las comunidades para trabajar en los ecosistemas y adecuarse a la nueva realidad que muestra el cambio climático, representa una oportunidad para revertir el impacto de la actividad humana en la naturaleza y, por qué no, para evolucionar como especie.

“Los ecosistemas son sistemas dependientes que pueden regenerarse. Debemos entender que el verdadero valor de los ecosistemas está en recuperarlos y en mantenerlos sanos, pero para esto es necesario que comprendamos que el valor no está en los objetos o el dinero, ni en la venta de bienes y servicios, sino en conservar la naturaleza”, agregó Liu.

 

*Periodista