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Nuestra sociedad moderna ha vilipendiado el concepto de hedonismo, y lo ha casi incorporado a la lista de pecados capitales. Para muchos, los sinónimos de hedonismo son: egoísmo, lujuria, irresponsabilidad. Y se usa el término, para atacar posturas facilistas de la vida moderna, cuando en realidad, no son realmente hedonismo.

Una de las grandes metas de los seres humanos, amparada por las grandes corrientes filosóficas que han existido, es la búsqueda de la felicidad. La moral moderna nos dice que es válido buscar la felicidad, pero que en el proceso debemos pensar en los demás y no encontrarla a “costillas” de lastimar al prójimo. Pero definir la felicidad, es algo más abstracto, varía en cada ser humano. “Cada cabeza es un mundo”, como dice un buen amigo.

Vivimos en un lugar donde las preocupaciones, el devenir de nuestros destinos, la necesidad de sobrevivir en condiciones económicas dispares; dejan que la felicidad como tal ya no se busque, incluso, se tacha como irresponsable al que es feliz, y se infunden otros calificativos, como vagancia, inmadurez, o que no se tiene realmente un propósito de vida.

¿Debemos entonces, para adecuarnos a la sociedad, vivir bajo un amplio estrés, entregar 30 o 40 años de nuestra vida a la producción de riquezas lejanas a nuestro bolsillo y conformarnos con una vida “moralmente” correcta y renunciar a la felicidad?

Personalmente, a mí se me cuestiona el hecho de tener más de tres décadas y media en este mundo sin haber tenido descendencia. Socialmente hablando, es obligatorio tener hijos para cumplir con el rol, para llenar ese ideal social que debemos ser. La felicidad es lo de menos, se debe crecer bajo un lineamiento y no salirse de él.

El hedonismo moderno lo descubrí casualmente al pensar en que muchas actividades generadoras de placer, no las podemos disfrutar por el estrés y la tensión de nuestras vidas. Se basa en dejar de lado toda esa carga negativa y concentrarnos en disfrutar ese placer, para que sea más intenso y disfrutable.

Obviamente, no se puede pasar por alto que debe hacerse con lo que se cuenta, responsablemente, y no involucrando a nadie que pueda perjudicarse. Moralmente debe ser aceptable. No debe alejarnos de la realidad, pero sí debe ser provechoso para el ser humano.

Gracias a ello, he descubierto que la felicidad depende de la óptica con que cada individuo mire su vida. Pocos tienen la oportunidad como yo de trabajar en algo que les apasiona. Pero si dejamos de lado los aspectos negativos y buscamos el placer en lo que trabajamos, puede ser que nuestra mentalidad acepte eso y nos apasionemos por lo que hacemos.

Mostrarle este camino a quien no lo conoce, cambiar las mentalidades para que cada persona busque su propia felicidad en el contexto social en el que vive. Eso es el verdadero hedonismo moderno. El egoísmo y la irresponsabilidad son parte del conformismo que se vive pregonando, con actitudes negativas y estadísticas alarmantes. Pero no se puede enseñar algo sin antes haberlo aprendido.

Cuando los cambios generacionales nos alcancen, veremos que nuestro mundo será conformista totalmente. Y en ese marco, las discusiones no girarán en torno a la moral, los valores o la pérdida de estos. Simplemente no habrá discusión. Nuestra responsabilidad, como personas, es trasmitir esa búsqueda de la felicidad con el ejemplo, mostrando el camino con nuestra actitud hacia la vida. Solo así heredaremos algo más que reglas pasadas de moda.

 

*Coordinador de la carrera de Periodismo, en la UHISPAM.