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Recientemente fui informado por mis familiares en la Meseta de los Pueblos que una construcción más de infraestructura turística estaba comenzando en los alrededores de la Laguna de Apoyo, a pesar de las protestas de los habitantes de Catarina.

Aunque no vivo en Nicaragua, tengo mis raíces en Catarina porque ahí nació mi extinta madre y porque mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud transcurrió entre Niquinohomo y Catarina. Me preocupa que esta preciosa reserva de agua salada natural y de bosques vaya a ser destruida poco a poco, si los despales se extienden sobre sus bellas laderas.

En las dos últimas ocasiones que he visitado Nicaragua, en 2011 y 2013, he tenido la impresión de que el hábitat natural de la fauna y la flora de la Laguna de Apoyo no han sido afectados seriamente. La brisa de la laguna sigue siendo agradable y el verdor de sus laderas todavía resplandece bajo el sol tropical.

Pero este precioso recurso natural puede ser dañado letalmente, si quienes tienen la responsabilidad de autorizar construcciones alrededor no están lo suficientemente educados sobre los parámetros y los límites que deben establecerse al desarrollo de la infraestructura turística en lugares con recursos naturales.

La Laguna de Apoyo no solo es un bello lugar turístico, es también un lugar que guarda mucha historia de nuestros antepasados. Sobre la roca de las laderas, nuestros indígenas dejaron grabados sus petroglifos que todavía, supongo, pueden verse.

En tiempos pasados la Laguna de Apoyo también jugó un rol vital de sobrevivencia humana, siendo la fuente principal de abastecimiento de agua fresca y limpia para los pobladores de Catarina, Pacayita, San Juan de Oriente, Diriá, Diriomo y todos esos primorosos valles y comarcas que aún sobreviven a sus alrededores.

Mi madre contaba que en su niñez ella junto con sus abuelos y otras familias iban a “La Pila” a abastecerse de agua limpia. También, durante ciertos días de Semana Santa, los nativos bajaban a la laguna a bañarse y a compartir un delicioso gaspar y sardinas secas, con tamal pisque y otros platos tradicionales de la época.

Los bosques de la Laguna de Apoyo eran además una especie de escuela, un lugar donde los estudiantes de antes iban con sus maestros (as) en excursiones educativas para estudiar la fauna y la flora. En mis dos últimos años de educación elemental, en Niquinohomo, mis recordadas maestras Graciela Calderón y Norita Rivas (ya fallecida) nos llevaban a conocer y a estudiar de primera mano, el desarrollo de la vida silvestre y nos daban lecciones sobre la importancia de cuidar y conservar el lugar.

Desafortunadamente hoy la prioridad parece ser el turismo, sin importar el daño a los recursos naturales. Y no es que el turismo sea malo, lo malo es no establecer una política de desarrollo balanceado de la infraestructura turística que permita conservar al máximo los recursos naturales.

Los hermosos bosques verdes alrededor de la Laguna de Apoyo también han contribuido a crear un clima siempre agradable alrededor de las poblaciones cercanas. Diríamos que es una especie de pulmón verde de la bella Meseta de los Pueblos.

Los extranjeros que visitan por primera vez la Laguna de Apoyo, se maravillan con el frescor y el paisaje relajante, y es que esta fuente natural de agua es también atractiva para nadar. Si la Laguna de Apoyo resulta dañada a mediano o a largo plazo, la Meseta de los Pueblos no solo perdería un valioso recurso natural sino también esto sería un daño más a una Nicaragua ya demasiadamente dañada.

 

*Educador y periodista residente en Kansas, EE.UU.