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El 06/02/14, END publicó una información de AFP, que menciona la posibilidad de que el papa Francisco autorice abrir los archivos del Vaticano durante el papado de Pío XII, época muy dura y difícil que sufría el mundo entero como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y particularmente el mundo judío que en toda Europa –focalizadamente en Alemania– sufría su mayor holocausto de la historia. Las matanzas antisemitas datan desde el siglo primero, con mayor crudeza en las históricas y cruentas guerras de las cruzadas.

Que el pontífice autorice al público para que escudriñe los expedientes clasificados de la época de Pío XII, no es abrir una caja de Pandora que pueda provocar mayor cisma a la Iglesia Católica del que ya ha pasado, y eso lo sabe muy bien su Santidad. Antes lo había hecho a nivel privado un íntimo del Vaticano, John Cornwell, militante católico y autor del libro “Un Ladrón en la Noche”. Con la obra Cornwell escribió en hojas rosáceas y con tinta a fragancia de sándalo a favor de la élite vaticana.

Es abundante la bibliografía y los documentos del mismo Vaticano que demuestran la participación de la Iglesia Católica al negociar y firmar Eugenio Pacelli, como secretario de Estado de Pío XI, el Concordato con Alemania de Hitler, que se completó, firmó y se publicó al mundo en julio de 1933, ratificado en septiembre del mismo año. Fue el primer tratado internacional de la Alemania nazi. En él se incluía la eliminación por parte de la iglesia, del Partido del Centro católico (precursor del Partido Cristiano-Demócrata de la posguerra, y que ha gobernado Alemania en varias ocasiones).

Tristeza celestial se llevó el abogado Cornwell, que al querer defender lo indefendible, más bien corroboró todo lo dicho contra Pío XII, y lo llevaron a escribir otro libro: “El Papa de Hitler”. En él señala que la iglesia ya tenía su cuota de complicidad en la Primera Guerra Mundial.

El papa Bergoglio, conocedor de su iglesia en el sentido lato de la palabra, le ha devuelto al mundo católico la práctica y la esperanza del resurgimiento para una iglesia fuerte y consecuente con su fe y sus principios teologales. Un verdadero Aggiornamento católico, justo y necesario, después del insípido y ultraconservador papado de Benedicto XVI. Estar a tono con los cambios sociales, sociológicos, políticos y socioeconómicos que vive un mundo completamente globalizado es precisamente lo que está llevando a cabo su Santidad desde el Vaticano, consecuente con el espíritu, el atuendo y la práctica de Francisco de Asís.

Abrir los expedientes XII del Vaticano de lo que gran parte del mundo ya sabe, es más bien un acto de valor, entereza y humildad. Aceptar los errores de la Iglesia en el pasado, será una gran acción del actual pontífice y no dudamos que así lo haga, por todo lo que ha demostrado desde su nombramiento. Esto tendrá como resultado enmendarlos y retribuir si fuese necesario. Sobre el particular, habrá que leer el libro “La Iglesia Católica y el Holocausto, una deuda pendiente” del periodista Daniel Jonah Goldhagen, del cual he tomado varias acotaciones para este artículo.

Al papa Pío XII, la historia ya lo ha señalado, y lo absolverá si no se encontraren nuevos documentos que lo incriminen en el Holocausto. Por ahora, Benedicto XVI desde diciembre del 2009 solo lo elevó al rango de Venerable, antesala de la canonización; acción que si no es por la protesta que elevaron los judíos, antes de su renuncia lo hubiera declarado Santo.

Es fácil adelantar que la postulación a Santo de Pío XII, quedará congelada en la historia, al menos en el papado de Francisco I. Fabricarle un milagro no puede ser uso de la tecnología de punta, ni que se busque al creador de la imprenta de tercera dimensión, que según dicen, todo lo puede hacer, o casi todo.

 

*Periodista.