Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El 9 de febrero de 1964 —hace cincuenta años— se terminó de imprimir en la editorial Hospicio de su ciudad natal, el primer título narrativo de Rosario Fiallos de Aguilar (León, 29 de enero, 1938). Como se sabe, Rosario sería la primera mujer en ser incorporada a la Academia Nicaragüense de la Lengua —el 21 de julio de 1929— como miembro de número. Yo la presenté con una breve semblanza: “El secreto mejor guardado de la narrativa hispanoamericana”. Ella leyó el ensayo “Lenguaje y novela”. Carlos Alemán Ocampo, le respondió con el suyo: “Rosario Aguilar: la búsqueda del ser interior”.

La impronta de Sigmund Freud —recién descubierto por la juventud de Nicaragua— se advierte en esa pionera novela corta; pionera en el sentido de abordar el psicoanálisis como fenómeno literario —señala CAO. Tomado del “Canto de guerra de las cosas” de Joaquín Pasos (1914-1947), su título ilustraba muy bien el caso de una paciente, expuesto en un informe a su médico psiquiatra.

Por primera vez la disciplina científica de la psiquiatría figuraba en la narrativa nacional. También por primera vez, una autora acometía un monólogo interior que significaba, al mismo tiempo, ruptura y apertura; ruptura formal y de contenido con la narrativa femenina del país y apertura a la modernidad, a la introversión y al desgarro psicológico.

Una joven frustrada y solitaria se debate entre un mundo de luz y sombra, de lucidez y locura. Residiendo en una clínica del extranjero, padece de agorafobia: miedo a los espacios abiertos o públicos, la cual le evita la negación de enfrentarse a su realidad. Pero el doctor K (“hombre maduro, pequeño, vigoroso; tan seguro de sí y tan feo que resulta atractivo”), le pide que relate sus recuerdos y ella obedece tomando en serio su papel de narradora. “En realidad, me alivia descargarme de esta forma. No conozco a mis semejantes. No puedo confiarle a nadie mis pensamientos. Solo hay un ser que conozco plenamente; sé lo que piensa, lo que quiere: es mi propio yo. De los otros desconfío. Ni sé si lograrían comprenderme”.

De esta manera, descubre su propio cuerpo y se encuentra a sí misma. Liberándose del código moral que le obligaba a reprimir su erotismo, la protagonista decide lanzarse al “mar profundo y tempestuoso” —imagen de la existencia—, como le indica su psiquiatra. “Haré lo que me pide, aunque naufrague” —concluye Aguilar “Primavera sonámbula”, logrando crear una atmósfera onírica y un sostenido personaje femenino de gran hondura.

Sergio Ramírez, el prologuista, apadrinó “Primavera sonámbula”. Las ediciones Ventana —escribió— llevaban al público esa novela corta “como un testimonio magnífico de la literatura femenina nicaragüense”. El paisaje, el amor, la vida y el tormentoso yo de una muchacha se dan aquí, en una combinación honda, en una juntura sin luces”. Por lo demás, dicha edición tuvo favorable recepción.

Mariana Sansón le dedicó una reseña. Ernesto Gutiérrez la comentó en un extenso texto: “De raíz kafkiana, tiene la hondura de una Leda Balladares o de un Vallejo […] Está escrita con acierto y sagacidad artística. Sorprende la firmeza con que se exponen situaciones anímicas tan complejas y tan delicadas, que toca la más profundas reconditeces del alma […] Su prosa alcanza a menudo, niveles de poesía, con bellas y precisas observaciones tanto de la naturaleza como de la vida introspectiva […] Rosario Aguilar verdaderamente enciende, alumbra, descendiendo en el alma humana, a profundidades abismales, el secreto del mundo”.

Y Pablo Antonio Cuadra escribió entonces, una elogiosa carta a su autora: “He leído su libro de un tirón y he vuelto a leerlo sin que disminuya mi sorpresa. No sé qué decirle. Es una revelación. Usted ha entrado al camino de la novela y el relato por el camino real. No se detenga. Es una gran alegría que esto suceda en Nicaragua y en nuestro tiempo.”

“Primavera sonámbula” se tradujo al francés con otras cuatro obras de Rosario. Llevaron a cabo esa versión Monique Bonneton y James Fenillet: Ce Mal de Vivre (París, Indigo & côté-femmes éditions, 1986).