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El desarrollo y la profundización del estudio de las Relaciones Internacionales desde la perspectiva global, han avanzado a pasos gigantescos en las escuelas y centros extranjeros de enseñanza e investigación. Su inexistencia en Nicaragua refleja la distancia, entre ellos y nosotros, que solo pueden ser medidos en años luz, sin tener que salir al cosmos.

Lo desfasado de nuestros recursos humanos semi-calificados, la disgregación de los calificados, la carencia de material de primer nivel o la imposibilidad de seleccionarlo en ese mar de documentación digital disponible en “la red”, con determinados propósitos investigativos y con fines de desarrollo socio-económico o en  función de líneas de capacitación e investigación;  lo también atrasado de nuestros pénsums  universitarios en el ofrecimiento de cursos de pregrado y superiores, así como  la incapacidad de crear y aglutinar a pocos y destacados especialistas en unidades investigativas, genera ausencia de producción (formulación), reproducción y divulgación ordenada  en  la esfera del estudio de las Relaciones Internacionales y la implementación de la política exterior.

Es imposible hablar sobre centros (como los existentes en Cuba, por ejemplo) para el estudio de los EE.UU, Rusia, China, Japón o Europa, o regiones como el Medio Oriente o Asia Pacífico. Centros especializados en el estudio de procesos profundos transformadores del planeta, sus estructuras y comportamiento producto de la globalización o los cambios climáticos, no aparecen en el radar nacional a pesar del enorme grado de afectación planetaria. Somos simples consumidores de la producción analítica foránea.

El conocimiento de aliados y adversarios dentro del sistema internacional se encuentra en pocas personas que, por visión o sus relaciones con estos Estados o ubicación funcional, tratan de encauzar nuestro desarrollo y conducta internacional en el marco de políticas gubernamentales y privadas. Todo esto, sin unidades, que aporten sustancialmente a la formulación y la toma de decisión en un sistema internacional volátil y cambiante.

Es altamente peligroso que, en su gran mayoría, los aportes de algunos centros locales giran en torno al análisis de situaciones del desarrollo nacional a solicitud y financiadas por unidades, organizaciones, estructuras y centros extranjeros, que con lupa minuciosa nos examinan en grupos o por separado en su laboratorio global. Determinado lo anterior más por su interés de primacía global, que por los recursos con los que disponen, los cuales tampoco son escasos. Los recursos ilimitados se disponen al interés específico integrado a la visión de la planeación estratégica de las potencias, difícil para muchos dimensionar por estar  acostumbrados a la supuesta facilidad de que es mejor reaccionar.

Prácticamente es tan difícil y casi imposible de hablar de ‘think tanks’, como encontrar mentes abiertas a su creación. Hay muchos esfuerzos loables pero dispersos que hay que unificar y así muchos flancos se pueden ocupar para alcanzar mayores niveles de conocimiento y, por ende, producción científica académica y rendimiento práctico, que permita al sentido amplio común, entender el horizonte a seguir.

La lluvia colosal de información proveniente por la enorme capacidad mundial de penetración de los medios masivos globales de información, nos orienta y desorienta a todos los niveles de la sociedad que los consume. El choque de intereses, la confusión política e ideológica, así como la ausencia de documentos nacionales avalados por la comunidad académica-investigativa, permite mayor confusión.

Muchos desconocen el papel que los centros de investigación tienen en las guerras en Irak, Afganistán o las revueltas desestabilizadoras ocurridas en Libia, Siria y hoy en Ucrania y Venezuela, y mañana en nuestro país. Nuestro análisis apenas llega a identificar como únicos culpables a la falta de democracia o a la mal famosa CIA, que es un instrumento de política exterior, que los centros de investigación formulan para la ejecución de las diferentes Administraciones norteamericanas. De ahí el error, de creer que los servicios secretos por manejar los métodos tradicionales “de corte”, o las policías o los ejércitos, serán los que puedan apagar el fuego en una revuelta como la que vemos a diario con niveles de destrucción colosal para los Estados.

La ruta de solución está en la preparación que actualice y nivele, para que en una segunda etapa, se estructuren las unidades ausentes y se inicie la producción informativa de diversos cortes que se demanda en la actualidad. Necesitamos comenzar por crear nuestros propios ‘think tanks’. De lo contrario, seguiremos consumiendo lo foráneo y actuando en función de sus intereses.

 

* Especialista en Relaciones Internacionales.