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La Unión Bancaria, UB, es un proyecto ambicioso a ejecutarse durante 10 años que, se espera, tendrá grandes repercusiones económicas, financieras y políticas en la Unión Europea y particularmente en la Eurozona.

Está claro que no basta enunciar los beneficios de la UB para acabar inmediatamente con la fragmentación financiera. Dos ejemplos: la crisis obligó a la banca a invertir fuertemente en deuda pública de sus países de origen; las Pymes españolas e italianas casi duplican el pago de intereses por sus créditos, en comparación con las austriacas y alemanas. Estas son dos realidades que no son reversibles a corto plazo.

Por otro lado, la UB ya aportó un cambio fundamental al sistema financiero europeo al nombrar al Banco Central Europeo, BCE, supervisor único bancario. El BCE supervisará a los 130 mayores bancos europeos, entre ellos los bancos sistémicos, y a cualquier entidad pequeña que tenga problemas.

El otro pilar de la UB, el mecanismo de liquidación de bancos en crisis, se aprobó por presiones de Alemania en forma laxa y burocrática, y no como se esperaba: que la Comisión Europea, CE, fuese la autoridad resolutoria y que el fondo de liquidación tuviese carácter mutual inmediatamente. En su lugar, la toma de decisiones será intergubernamental, con mayorías cualificadas para evitar vetos. La CE solo podrá emitir su opinión sobre las resoluciones y si hay discrepancias, será el Consejo Europeo quien decida.

Respecto al fondo de liquidación, habrá un sistema de fondos nacionales nutridos con las aportaciones anuales de los bancos en cada país hasta que en 10 años alcance 55,000 millones de euros. Además, en los primeros años, el Mecanismo de Rescate Europeo, MEDE, podrá usarse como financiación puente. Por lo tanto, el mecanismo implica una mutualización muy limitada, financiada por el dinero que aportan los bancos, pero será insuficiente si alguna entidad sistémica corre peligro.

En el proceso de discusión para ratificación, el Parlamento Europeo (la Eurocámara) señaló que sin nuevas concesiones del Consejo de Asuntos Económicos y Financieros, Ecofin, el cual apoya la posición alemana sobre el mecanismo de liquidación de bancos en crisis, no habrá aprobación del nuevo mecanismo antes de finalizar la presente legislatura.

La Eurocámara exige que los gobiernos no intervengan en el procedimiento de toma de decisiones sobre el cierre de bancos, para evitar su politización. También rechaza el período transitorio de 10 años, que ha impuesto Alemania para mutualizar el fondo de 55,000 millones de euros que financiará quiebras y reestructuraciones.

La Eurocámara declaró que no aprobará un sistema de resolución inviable que ponga en riesgo la Unión Bancaria y deje expuestos a los contribuyentes.

Si no hay acuerdo antes de finalizar abril del 2014, las negociaciones deberán retomarse en la siguiente legislatura y durarían varios meses, pero el nuevo mecanismo, no entraría en vigor en 2015 como está previsto.

Como alguien ha dicho acertadamente, el principal problema de la Unión Bancaria es que Europa solo avanza en los proyectos comunitarios cuando está presente la presión de la crisis, pero apenas se registra una ligera recuperación económica, los países miembros caen de nuevo en una situación de indecisión, dilación y medias tintas.

 

Economista, MBA