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Nuestro hermoso Río San Juan se encuentra más amenazado que nunca debido a la concesión de explotación minera a cielo abierto, otorgada por el Ministerio de Ambiente, Energía y Minas (Minae) de Costa Rica. Dicho proyecto, llevado a cabo por la firma Infinito S.A. de capital canadiense, pretende extraer aproximadamente 700 mil onzas de oro, usando como lixiviador cianuro de sodio, metal conocido por su toxicidad y que requeriría como agente unos 40 mil litros de agua por hora de nuestro histórico río, motivo de orgullo de los y las nicaragüenses.

Pero somos precisamente nosotros los nicaragüenses, quienes en estado letárgico, nos hemos desinteresado en protegerlo, conservarlo y heredarlo a las próximas generaciones, merecedoras de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; no así nuestros hermanos costarricenses, en un acto aguerrido, sí han hecho acciones concretas, interponiendo un recurso de amparo, que por tiempo limitado ha parado las pretensiones de los invasores de nuestra patria, abundante en vida.

El gobierno costarricense, en complicidad traicionera a nuestra patria centroamericana, olvidando que es un Estado firmante del Convenio para la Conservación de los Humedales, Ramsar, 1971, ha osado por destruir nuestra preciosa cuenca y coadyuvar a la muerte de miles de hectáreas de bosque, que sirve de sustento a miles de especies, tal como la lapa verde (Ara Ambigua) que disfruta de los frutos del almendro de montaña (D.Panamensis) actualmente en veda, así como el agua que fluye por nuestra fértil tierra, arrastrando consigo especies endémicas de fundamental importancia en el ecosistema y contaminando el sustento de muchas familias que dependen de este importante recurso hídrico.

¿Qué hacemos dormidos? ¿Acaso las experiencias fatídicas de las concesiones mineras en nuestro país no nos despiertan lo más mínimo de sentido común? ¿Dónde está nuestro orgullo de ser nicaragüenses y conservar nuestro tesoro más grande, invaluable e inajenable como lo son nuestros recursos naturales? ¡Es hora de actuar más y quejarnos menos, de servir más y ociar menos! Unámonos a las futuras marchas que se llevarán a cabo durante los próximos días y demostrémosle al mundo, que la gente de Nicaragua se preocupa y es consciente de lo invaluable que son sus recursos; volvamos a ser el centro de atención esta vez no por las guerras, la corrupción o la desidia, sino por lo perseverante a conservar
y proteger lo más valioso, lo más vital: la Naturaleza y nuestro Río San Juan.

*Estudiante de derecho (UCA).