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El medio de transporte público más humilde del mundo son las ciclo-taxis o moto-taxis, que en Nicaragua llamamos “caponeras” gracias a la telenovela “La Caponera”, en que Margarita Rosa de Francisco cantó: “Porque al amor yo me condeno me llaman La Caponera” (como las caponeras son jaulas de madera, por amor se sentía condenada en una de ellas). En la telenovela, aparecía frecuentemente una moto-taxi y el ingenio de nuestro pueblo bautizó “caponera” al humilde medio de transporte.

Cuando nuestro querido cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano visitó por primera vez su pueblo natal, lo recorrió de pie, sobre una caponera sin toldo, rodeado del pueblo. ¡Nada más apropiado y asombrosamente significativo! Un cardenal humilde, en un trasporte humilde, en su humilde pueblo natal: Ticuantepe. Junto al gozo del pueblo, la humildad reinó ese día, como reinan en el corazón de nuestro pastor la humildad y el gozo de estar lleno del Espíritu Santo.

Una persona es humilde cuando no es soberbia, pretenciosa, vanidosa, ambiciosa de halagos y riquezas. Una persona humilde como nuestro cardenal, como el papa Francisco, como Jesús, son también personas sabias, buenos pastores capacitados para su responsabilidad de conducir adecuadamente a la grey. Saben hablar con amor y ternura, corregir con rectitud, enseñar con sabiduría, actuar con prudencia y demandar con firmeza la justicia y la caridad para los pobres y necesitados.

Conocemos por el Evangelio cómo actuó Jesús y sabemos lo que el papa Francisco ha dicho: “¡Cómo desearía una iglesia pobre y para los pobres!”. Me atrevería a afirmar que no muchos cardenales tendrán tan perfecta sintonía con el papa Francisco como nuestro cardenal Brenes Solórzano. El papa Francisco ha recalcado el origen pobre de Jesucristo y su iglesia apostólica, y lo ha hecho con mucha firmeza, como cuando dijo: “La corte del Vaticano es la lepra del papado. La curia tiene una visión vaticano-centrista y se olvida del mundo que nos rodea. No comparto esa visión y haré todo lo posible por cambiarla”.

En Nicaragua, nuestro clero está bastante lejos del boato principesco y clérigo-centrista de otros lugares, aunque siempre puede haber tentaciones. Pero el señor cardenal tiene muy claro que su investidura la recibió para servirle al Pueblo de Dios, como ha sido siempre su vocación como sacerdote, obispo y arzobispo, y hoy como cercano colaborador del Papa.

Mientras el viento alborotaba su característico cabello cano, largo y ensortijado —que a mí agradablemente se me parece al de León XIII—, con qué sencillez dijo a los ticuantepinos que él es el mismo “Polito” que de niño corría y jugaba por aquellas calles, “¡aunque hoy ande vestido con este traje que parece de torero!”.

Hacer un chiste de su vestimenta cardenalicia fue sencillamente genial. ¿Habrá dicho algo tan sencillamente curioso algún otro cardenal en la historia? ¡No creo!

Nuestro “Polito” afable y sencillo, a quien don Leopoldo Brenes Flores y su esposa, doña Liliam Solórzano Aguirre, llevaban de la mano a la escuelita rural de Ticuantepe, y que después vieron crecer y estudiar en la Escuela “Cristóbal Rugama” y el Instituto Nacional de Masaya, en la Normal de Managua, en el Calasanz y el Seminario Nacional, es la misma persona, a quien hoy respetuosamente le llamamos Eminencia Reverendísima. Se graduó en Teología y Teología Dogmática, primero en México y luego en la famosa Universidad Gregoriana de Roma y en la Pontificia Universidad Lateranense, que tiene su sede en la extraterritorialidad vaticana de San Juan de Letrán, denominada por Juan Pablo II como “La Universidad del Papa”. Tenemos un pastor, padre, hermano y amigo, que es un cardenal tan sabio como humilde, ¡nada menos, pues!

 

* Abogado, periodista y escritor.

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