Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Hemos dicho que el subdesarrollo es una tela de araña con un número infinito de hilos. Algunos se ven, otros se perciben, se sufren, pero es difícil verlos.

Los hilos visibles son fáciles de localizar, pero localizarlos no significa entender su impacto en la vida de un país. Miremos, por ejemplo, lo que significa carecer de medios propios de transporte.

Nicaragua es un país al que su geografía impondría una fructífera vocación marinera. País bioceánico con dos lagos como mares, ríos poderosos, pero Nicaragua es un país sin barcos ni marineros.

Por no tener, no tenemos ni puertos a la altura de sus necesidades. Importamos y exportamos a y desde puertos en Costa Rica y Honduras.

Si en Nicaragua se entendiera todo el inmenso potencial de nuestra condición marina, podría aumentar un tercio nuestro producto interior bruto, pero no lo entendemos.

Es así que día a día, mes a mes, año tras año, década tras década, no solo perdemos de ingresar decenas o centenares de millones de dólares, sino que perdemos decenas de millones provocados por nuestra voluntaria ceguera.

Una marina mercante nacional podría llevar y traer mercancías a lo largo y ancho del Atlántico y del Pacífico; sin embargo, miles de furgones se agolpan en las fronteras, consumen millones de litros de combustible, se accidentan y provocan accidentes, dejando, al final, pérdidas como gangrenas sobre nuestra economía.

Nuestros lagos son vertederos, nuestros ríos abrevaderos de ganado y sitios para riego.

 

Es un hilo grueso, que asfixia.